Entre los días 7 y 9 de febrero pasados se realizó en Brasilia una reunión de consulta entre los gobiernos de Brasil y de México respecto de la posibilidad de alterar los términos del ACE-55 (Acuerdo de Complementación Económica Nº55, firmado entre México y los países del MERCOSUR dentro del paraguas institucional de la ALADI – Asociación Latinoamericana de Integración).
Hace pocas semanas, funcionarios brasileros expresaron su descontento con el funcionamiento del ACE-55, alegando que sólo había servido para incrementar la exportación de automóviles mexicanos a Brasil, sin generar beneficio alguno para el país sudamericano.
Según informó el Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil, los gobiernos de los dos países se encuentran actualmente en un proceso de búsqueda conjunta de una solución comercial que resulte beneficiosa para ambas partes. Por este motivo, se convino la realización de una reunión de nivel técnico entre representantes de ambos países para poder avanzar con las negociaciones, la cual tendrá lugar en la Ciudad de México entre el 28 y el 29 de febrero.
El principal eje de la discusión se centra en el desbalance comercial generado por el ingreso de automóviles mexicanos al mercado brasilero. Por un lado, el sector automotriz es clave en las estrategias comerciales de países como Argentina, Brasil y México, ya que en este sector encuentran un producto industrial de alta tecnología, con alto valor agregado y de gran potencial exportador. Por otro lado, en un contexto de crisis económica internacional, el gobierno brasilero ve con mucho recelo cualquier indicio de deterioro de la balanza comercial de su país.
Si bien el gobierno mexicano se declaró abierto a la renegociación de algunos aspectos del ACE-55, será duro para la diplomacia brasilera lograr mejoras significativas. La posición mexicana se basa en que, desde la entrada en vigencia del ACE-55 hasta noviembre de 2011, las exportaciones mexicanas a Brasil alcanzan el total de US$ 9.448 millones, mientras que las importaciones superan los US$ 41.000 millones. El resultado son más de US$ 21.700 millones a favor de Brasil, por lo que no están dispuestos a hacer grandes concesiones simplemente porque la balanza comercial bilateral haya cambiado de signo levemente en el último año.
Según explicaron voceros del gobierno mexicano, ante la constancia del déficit bilateral desde 2003, hace algunos años el gobierno mexicano puso en práctica diversas acciones en materia de política económica y comercial. El resultado fue una lenta reversión de la tendencia comercial. Gracias a esto, el gobierno y la industria de México lograron un superávit comercial bilateral de US$ 129 millones en 2011. Es más, si se pone la lupa exclusivamente sobre el sector automotor, el superávit mexicano alcanzó en 2011 los US$ 481 millones.
Algunas de las propuestas de modificación del ACE-55 realizadas por la delegación brasilera incluyen: el adelanto de la entrada en vigencia de la apertura comercial para vehículos pesados; la creación de mecanismos de intercambio comercial compensado o de cupos de importación; y, el incremento de los requisitos de contenido regional en vehículos ligeros. Ante ello, el gobierno mexicano se apuró en aclarar que cualquier modificación al ACE-55 “tendrá que ser mutuamente satisfactoria” para las partes involucradas. Asimismo, voceros de la Secretaría de Economía (SE) y Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) de México explicaron a la prensa que, desde el inicio de las conversaciones bilaterales respecto de este tema, ambos países han estado en constante comunicación con las respectivas empresas del sector automotor y las asociaciones que las representan.
El gobierno brasilero se comprometió a entregar a la SE una propuesta detallada antes del 17 de febrero. En la propuesta deberá explicar el fundamento y los resultados esperados para ambas partes de las alternativas impulsadas por el país sudamericano.
Si bien en los últimos días han surgido versiones respecto de la posibilidad de que Brasil incurriera en incumplimiento del tratado o hiciera campaña en el MERCOSUR para denunciarlo, resulta difícil imaginarse estas salidas. Por un lado, el contexto de crisis económica que amenaza con reducir la disponibilidad de mercados de exportación para las MOI (manufacturas de origen industrial) de países como Argentina, Brasil y México, obliga a los países del MERCOSUR a pensarlo dos veces antes de denunciar un convenio como el ACE-55. Por otro lado, gran parte del prestigio internacional construido por Brasil en la última década se basa en su credibilidad y estabilidad, por lo que incurrir en el incumplimiento de un tratado con el único justificativo de una leve reversión de los flujos comerciales podría resultar altamente dañino para futuras negociaciones.
Es improbable que Brasil pueda gestionar exitosamente alteraciones relevantes a los términos del ACE-55, al menos en el corto y el mediano plazo. Esto obligará a los responsables de las políticas económica y comercial de Brasil a buscar a nivel doméstico las soluciones que permitan recuperar el superávit comercial. Más allá de la eventual aplicación de medidas sectoriales que puedan rozar la ilegalidad con las normas comerciales de la OMC (Organización Mundial de Comercio), Brasil deberá revisar su política comercial para fortalecer la posición de los sectores en los que cuenta con un alto nivel de competitividad frente a México.