El comercio ha existido de una u otra forma desde que existe el trabajo entre las sociedades. Antes que los europeos se aventuraran al mundo fueron los árabes quienes comerciaban entre los diferentes continentes, llevándose a su regreso artículos de lujo, inventos, ciencia y cultura. Ya en el siglo II AC existía una ruta comercial marítima entre el Norte África y China, a través de la India y de lo que hoy conocemos como Sri Lanka. Miles de años antes, los fenicios ya comercializaban a través del agua.
Gran parte del mundo que hoy conocemos fue descubierto hace siglos por los mercantes. Donde sea que las personas se han asentado, siempre se ha creído en la existencia de tierras lejanas que encierran tesoros incalculables, lujos y bienes exóticos para ser comercializados. Esta creencia se basó en la idea de que el valor de las mercancías que se reintroducen tenían que ser proporcionales a los riesgos y tiempo de viaje para adquirirlos.
Los mercaderes iban en busca de nuevas tierras a través de las rutas de la costa y ríos interiores. Una vez que el temor a caer por el borde del mundo demostró ser infundado y los barcos comenzaron a ser más fuertes, la marina mercante creció, tierras más distantes fueron descubiertas y una mayor riqueza de bienes comerciables fue llevada de vuelta al viejo continente.
A lo largo de la historia, los mercaderes han tenido un espíritu aventurero. Una próspera clase de comerciantes creció como resultado de la posición geográfica de un país en la ruta comercial entre Oriente y Occidente, o por ejemplo en el Océano Índico, una de las rutas comerciales del mundo más importantes.
Todo esto está lejos de los comerciantes de commodities de nuestros días, donde la velocidad es lo que cuenta y donde las horas se pasan a puerta cerrada, estudiando detalles técnicos de operaciones anteriores y elaborando estrategias en consecuencia. Hoy en día alrededor del 70% de las operaciones comerciales se realiza mediante tecnologías automatizadas de mercado en computadoras con programas de comercio de alta frecuencia, los cuales están recibiendo crecientes críticas por su cada vez mayor fragmentación del mercado, desestabilización y volatilidad.
Hoy el espíritu de aventura tal vez haya sido sustituido por la emoción del riesgo, pero el enfoque de la riqueza sigue siendo el mismo, la versión moderna sería que la fortuna ahora se puede ganar o perder con el simple click de un botón en lugar del hundimiento fortuito de un barco.