Cuando hablamos de comercio libre nos surgen indefectiblemente las preguntas: ¿libre para quién y bajo qué circunstancias?. El libre comercio sólo puede ocurrir si los productores en los diferentes países tienen igualdad de oportunidades para el comercio. Esta es la razón por la cual la Organización Mundial del Comercio (OMC) ha trabajado para darle fuerza colectiva a las posiciones de los países en desarrollo en las negociaciones comerciales y también el motivo por el cual la Conferencia de Naciones Unidas para el Comercio y Desarrollo (UNCTAD) y el Centro de Comercio Internacional (ITC) han puesto tanto énfasis en la facilitación del comercio, por lo menos para que las economías menos desarrolladas puedan lograr una mayor rentabilidad del sistema de comercio internacional.
Es un hecho que el aumento del comercio, especialmente con los ricos mercados occidentales, ayuda a reducir la pobreza. Las investigaciones muestran que "el consumo virtuoso" se está incrementando en el mundo desarrollado. El aumento del consumo de productos provenientes de los países en desarrollo es visto como una contribución personal a los productores de los países menos desarrollados.
El comercio justo es una herramienta de desarrollo que busca asegurar un mejor trato para los productores y trabajadores desfavorecidos en los países en desarrollo mediante el uso de la marca FAIRTRADE internacional. Estrictos controles del producto y normas de embalaje deben cumplirse con el fin de obtener la certificación de esta marca.
Se comenta en ciertos ámbitos que algunas compañías importantes utilizan el distintivo de los productos FAIRTRADE más como una estrategia de marketing que como un verdadero compromiso con el desarrollo y que la certificación FAIRTRADE se mantiene lejos del ámbito de posibilidades para muchos productores rurales en los países en desarrollo. Sin embargo, la herramienta ha hecho mucho para apoyar la producción sostenible en países de bajos ingresos.
Debido a la creciente preocupación sobre el cambio climático, los compradores éticos en los supermercados de todo el mundo, se enfrentan cada vez más a un dilema: apoyar a los pequeños productores en países en desarrollo mediante la compra de alimentos que involucren el concepto “food miles” (food miles hace referencia a la distancia con la que los alimentos son transportados desde su producción hasta que llega a las manos del consumidor) o elegir el producto que se elabore localmente y con ello contribuir a la reducción de las emisiones de carbono.
Muchos consideran que el concepto food miles es engañoso si se lo piensa como una forma de contribuir con el medio ambiente. La multiplicidad de factores que intervienen en la producción y distribución de productos no siempre significa que consumir sólo o principalmente los alimentos producidos localmente reduce la “huella de carbono”, ya que de hecho, esto tiene poco o ningún impacto sobre el calentamiento global. En este sentido, ciertos productos pueden tener ventajas sobre otros en términos de kilómetros viajados y emisiones realizadas en el transporte, pero su producción pudo haber implicado muchas más emisiones tóxicas que el mismo proceso utilizado en otro país. Este tipo de situaciones podrían ser utilizadas con fines de segmentación del mercado, más que como una manera de luchar contra la emisión de gases tóxicos.
Nuestro entusiasmo por la protección del medio ambiente no debe llevarnos a conclusiones precipitadas. El tiempo dirá, pero hasta ahora parece que el concepto food miles no sería tan amigable para el medio ambiente como se plantea.