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La liberalización del comercio se trata como una especie de salvavidas para los países en desarrollo, un instrumento para estimular el crecimiento económico y así ayudar a eliminar la pobreza. La mayoría de los países en desarrollo han experimentado crecimiento económico en décadas recientes, algunos más que otros. Según The Economist, en el continente africano, por ejemplo, la economía de más de 12 países ha crecido por encima del 6% durante 6 años o más y aunque siguen los problemas con la distribución de los ingresos, está surgiendo una clase media “genuina”. El comercio entre África y el resto del mundo ha aumentado 200% desde el año 2000. Sin embargo, por varios motivos algunos países -los más pobres de todos- han quedado mayormente ajenos a este crecimiento y no han podido aprovechar el estimulo del comercio para crecer.

Es cierto que el crecimiento económico no es la solución para todo, pero también es cierto que sin crecimiento económico las opciones para una salida permanente de la extrema pobreza son casi nulas. Y una de las maneras de crecer más rápido es participar en el comercio internacional.

El crecimiento económico no es un bien de consumo libremente disponible para todos aquellos con deseos de adquirirlo. Como se puede apreciar en estos días de crisis económica global, aún para los países ricos y potentes, no es algo a lo que se puede acceder en forma automática. Y aún más difícil de lograr es para aquellos países pobres con una sumatoria de problemas políticos, sociales y económicos, incluyendo baja productividad, poca capacidad para manufacturar, lejos de mercados globales.

En estos casos la geografía y lugar físico siguen teniendo importancia a pesar de la era digital de comunicaciones y del comercio electrónico. Los países más pobres sin salida al mar son particularmente castigados con altos costos de transporte para llegar a mercados globales; y son doblemente castigados si sus vecinos, que por ahí si tienen salida al mar,  tampoco brillan por su infraestructura de transporte. Este potencialmente importante eslabón en la cadena de transporte internacional es algo sobre lo cual el país afectado no tiene el más mínimo control o posibilidad de modificar a menos que pueda ejercer influencia sobre el país vecino. Hay un argumento paralelo en relación a potenciales mercados. Países pobres sin acceso al mar que intentan exportar a mercados globales podrían prescindir de esta vía de crecimiento rápido si sus países vecinos constituirían mercado suficiente… pero algunos de los países más pobres del mundo tienen la mala suerte de no tener salida propia al mar, no poder confiar en una infraestructura eficiente de sus vecinos para llegar al mar, y tampoco pueden aprovechar del potencial mercado de los vecinos porque estos están en algunos casos inmersos en sus propios problemas y situaciones de crisis – hambruna, enfrentamientos civiles, falta de estabilidad económica y política, falta de poder de consumo, y la lista sigue….

Uno de los objetivos de la Organización Mundial del Comercio (OMC) es fomentar el acceso a los mercados globales a través de la disminución de los obstáculos comerciales. Sin embargo, algunos sectores han criticado que dentro de la OMC la política comercial es determinada por representantes nacionales quienes ven su rol en términos de negociar un pacto favorable a su propio país. Como consecuencia, el marco de la OMC no deja mucho margen de posibilidad para utilizar la política comercial como instrumento de desarrollo.

Para que la política comercial sea un instrumento de desarrollo que llega a los países más necesitados, haría falta obligar a los demás países miembros de la OMC a cambiar sus prioridades: en lugar de trabajar para extraer el mejor acuerdo en términos de intereses nacionales, deberían promover medidas para ayudar a los países más pobres, donde está fallando el desarrollo.  Pero ¿a quién o qué organismo le corresponde convencer de la necesidad de este cambio de comportamiento?

Por lo menos durante la octava reunión ministerial de la OMC que acaba de celebrarse, los ministros subrayaron la centralidad del tema desarrollo y reconocieron la necesidad de priorizar los temas de interés a los países menos desarrollados, como por ejemplo el algodón, tema que ha evadido un acuerdo a lo largo de ocho años de negociaciones. Hay que esperar que no sea mera retórica.

La viabilidad de la economía de los países más pobres, situados  básicamente en África y Asia Central, es tenue, pero con el apoyo de la comunidad internacional no es imposible dar un vuelco a su suerte. Y parte de esa ayuda sigue siendo asegurar que estos países realmente puedan aprovechar de la liberalización del comercio.


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