Hoy por hoy se hace muy difícil escribir sobre cualquier aspecto del comercio y la economía regional y mundial sin hacer referencia a la crisis económica. De la misma manera que es muy difícil no mencionar a China. El gran tamaño de su mercado y su economía, junto con los desequilibrios comerciales que se han desarrollado con la mayoría de sus socios comerciales significa que cualquier cosa que haga el gigante asiático tendrá impacto de una u otra manera en el resto del mundo.
Durante los últimos tiempos, el papel de China en la economía mundial no ha disminuido como consecuencia de la crisis, sino todo lo contrario, ha aumentado. Gracias a sus políticas económicas, como el inyectar dinero, ha podido beneficiarse con la crisis financiera mundial. Su ascenso como nueva potencia económica acentúa el desplazamiento del capital norteamericano como dominante en las principales ramas industriales. Hoy China es el principal importador, exportador y hasta productor de las principales manufacturas industriales.
La anticipación parece haber sido la clave para hoy tener cierto nivel de tranquilidad ante la crisis bursátil en EE.UU y la Unión Europea (UE), sus principales socios comerciales. En 2009, durante la última crisis financiera e inmobiliaria, China implementó un paquete de medidas para reactivar su economía y protegerse de futuras crisis.
De a poco el gigante asiático incrementa su poder e influencia en varios países latinoamericanos. Más de 90% de las inversiones chinas en América Latina se han dirigido a la extracción de recursos naturales y energía, siendo los principales destinos Brasil y Argentina. Una apertura a las inversiones extranjeras y una agresiva expansión contrastan con un sistema político de partido único y una sociedad con muy bajos salarios y muy bajo nivel de vida en muchas partes del país.
China demanda materias primas en grandes cantidades para su desarrollo. Su enorme mercado interno representa una oportunidad para los países latinoamericanos, pero surge la pregunta si esta oportunidad a largo plazo no se convertirá en una relación de dependencia basada en una única opción en lugar de diversificar las alternativas.