Cifras oficiales indican que entre 2000 y 2010 las exportaciones a China aumentaron del 3% al 10% en Argentina, del 3% al 16% en Brasil y del 5% al 24% en Chile. El comercio con China domina las exportaciones de las principales commodities de estos tres países: soja, hierro y cobre, respectivamente, y el comercio bilateral con China se concentra cada vez más en estos productos. Se puede afirmar que los exportadores de commodities en América Latina figuran entre los principales beneficiados por la industrialización y urbanización de China durante la última década.
La participación de China en las exportaciones brasileras de hierro creció del 27% en 2002 al 53% en 2009. Brasil también exporta más de la mitad de su producción de soja a China. En el caso de Argentina, que tiene solamente el 5% del total de la oferta mundial de soja, el gigante asiático compra alrededor del 70% de la producción del país, dejando a Argentina en una posición de mercado menos favorable que Brasil. Chile, en cambio, domina el 35% del mercado mundial de cobre, otorgándole al país mayor poder de negociación en tiempos difíciles.
Sin embargo, según un artículo reciente en una revista especializada, la economía en general de los tres países mencionados es menos dependiente de China que la de los exportadores de commodities de la región. Para los países latinoamericanos en su conjunto, el comercio exterior juega un papel menor en la economía, con una relación exportaciones/PBI baja. Se estima que la demanda china contribuyó solamente 0,02 puntos al crecimiento del PBI en la Argentina entre 2002 y 2007, 0,05 puntos en el caso de Brasil y 0,34 puntos en el caso de Chile. Tanto en el caso de Argentina como Brasil, el valor de las exportaciones a China representa menos del 2% del PBI. En el caso de Chile las exportaciones contribuyen con un tercio del PBI y sus exportaciones a China explican el 8% del PBI. Todas estas cifras son muy inferiores a países asiáticos como Taiwán, cuyas exportaciones contribuyen con el 64% del PBI.
Por lo tanto, los países latinoamericanos son menos expo-dependientes que lo que hacen parecer las cifras bilaterales de exportación, y las exportaciones netas no han sido el motor principal del crecimiento del PBI en Argentina, Brasil o Chile, ni en los demás países de América Latina. De hecho la demanda doméstica ha tenido un rol importante en la expansión de estas economías. Se calcula que en la ausencia de demanda china durante los últimos diez años el crecimiento del PBI en Argentina, Brasil y Chile hubiera sido solamente 1% menos por año.
Ante una fuerte deceleración de la economía china, los países latinoamericanos tendrían buenas posibilidades de superar una nueva crisis, tanto por los motivos explicados anteriormente como por la mayor fortaleza financiera y bancaria en la mayoría de los países de la región.
Por supuesto se debe tomar en cuenta que en el caso por ejemplo de Uruguay, un tercio de sus exportaciones tiene como destino sus vecinos más grandes del Mercosur, Argentina y Brasil. El sector de servicios, de rápido crecimiento en años recientes, también tiene un alto grado de dependencia de la demanda de los países vecinos. En este sentido, cualquier disminución en la exportación de commodities argentinas y en menor grado brasileñas hacia China necesariamente tendrá un efecto indirecto sobre otros países en la región.
Sin embargo, la región en general es suficientemente fuerte para poder evitar consecuencias económicas severas en caso de una caída abrupta en la demanda china.