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Hace pocos días, el presidente iraní, Mahmud Ahmadinejad, finalizó su gira latinoamericana luego de visitar Venezuela, Nicaragua, Cuba y Ecuador.

Se escucharon todo tipo de comentarios, postura a favor y en contra respecto a esta visita.

Desde Estados Unidos se cuestionó la eficacia de los acuerdos comerciales iraníes con la región y se criticó fuertemente a los países anfitriones diciendo que este no es el momento de profundizar los lazos con Irán.

Esta la quinta vez que el presidente iraní visita América Latina y ello mantiene en  vilo a EE.UU, que intenta saber el objetivo de Irán al involucrarse más con la región.

El caso es que los escenarios de las relaciones entre Irán y sus aliados en la región no son fáciles de interpretar, porque si bien existen un gran número de acuerdos anunciados, la información sobre los proyectos suele ser difícil de hallar.

Muchos analistas ni dudan de la efectividad de las relaciones comerciales entre Irán y América Latina, siendo que por ejemplo en Venezuela, los iraníes han construido 14 mil viviendas y se esperan otras 34 mil más. Defienden su postura mostrando que las decenas de acuerdos se plasman en la creación de centros científicos, fábricas de maquinarias agrícolas, desarrollo de nanotecnología y  empresas productoras de alimentos. En Cuba, Nicaragua y Ecuador aseguran que la visita persigue estrechar la colaboración comercial también con iniciativas concretas.

En vista de esto, surge la pregunta: si la delegación que acompañó a Ahmadinejad estuvo compuesta de ministros de economía y comercio, ¿cabe la posibilidad de considerar que Irán busque apoyo a sus supuestos programas nucleares sin haber tenido expertos en la materia acompañándolo en su viaje?

Todo es posible. Mucho ha llamado la atención la ausencia del mandatario iraní en Bolivia, donde ya había sido recibido con grande honores (y controversias por supuesto) tiempo atrás. Si bien nada se ha dicho acerca del motivo de excluir a Bolivia de la gira, extraoficialmente se rumorea que el restablecimiento de las relaciones diplomáticas bolivianas con EE.UU ha sido el motivo que alejó a Ahmadineyad del país.

También ha extrañado que el mandatario iraní no haya visitado Brasil, siendo que es el principal exportador de carne de Irán. Los analistas políticos defienden esta decisión basándose en la idea de que desde que Dilma Rouseff está en el poder, las relaciones entre Brasil e Irán se han enfriado porque existe una clara competencia entre el modelo económico de Brasil con el de Venezuela.

Muchos, inclusive EE.UU, acusan que Ahmadineyad busca aliados para intentar eludir las sanciones económicas por su programa nuclear y poder acceder inminentemente a mercados de commodities. Considerando que recientemente la Unión Europea aprobó un embargo al petróleo iraní y que en el último año, la moneda iraní se ha depreciado más de un 60%, por momentos cuesta descartar esta posibilidad.

Según un informe presentado en noviembre por el Centro para la Estrategia y los Estudios Internacionales (un grupo de investigación con sede en Washington), Irán tendría interés en explotar minas de uranio en Venezuela y Ecuador a cambio de invertir millones de dólares en proyectos de desarrollo económico para la región.

En los últimos años, Venezuela se ha visto beneficiado con la apertura de sucursales bancarias y empresas de transporte, mientras que inversiones iraníes en Ecuador han aumentado de 6 a 168 millones de dólares en un año. Por su parte, Nicaragua espera ser el próximo beneficiado, con proyectos que rondan los 350 millones de dólares en la construcción de un puerto de aguas profundas.

Desde Ecuador, Rafael Correa, ha defendido la visita de Ahmadineyad, alegando que ambos mandatarios analizarán asuntos de índole comercial. Sin embargo, un ex vicecanciller ecuatoriano calificó la visita como desprestigiosa para el país.
En Venezuela y Nicaragua la oposición se hizo escuchar en su discurso contrarrevolucionario. En líneas generales, el argumento planteado fue que Irán busca en América Latina romper su aislamiento internacional y lograr apoyo para su programa nuclear.

Venezuela e Irán ya han firmado más de 270 acuerdos, incluyendo tratados comerciales, proyectos de construcción, fábricas de vehículos, iniciativas de energía y programas bancarios.

Lo concreto es que la economía internacional ya está comenzando a sentir los efectos de la amenaza de Irán de cerrar el estratégico Estrecho de Ormuz a raíz del embargo impuesto por la UE: los precios del petróleo subieron más de un 4%.

La pregunta inicial aún queda sin respuestas claras, lo que es claro es que una visita como la de Ahmadineyad no parece simplemente cumplir los objetivos de concretar acuerdos bilaterales de cooperación comercial.


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