La economía mundial ha mostrado signos de debilitamiento a lo largo de estos últimos 4 años. Los años 2000 fueron testigos del incremento de los precios de las materias primas tras su abaratamiento en el período 1980-2000. Desde 2008 se comenzó a sentir los efectos de la crisis internacional, originada en Estados Unidos. Durante ese año, el incremento de los precios de las materias primas aumentó tanto que comenzó a causar verdaderos daños económicos, amenazando con problemas sociales en los países que se encuentran en vías de desarrollo, estanflación y estancamiento de la globalización.
En julio de 2008, el precio del petróleo por primera vez en su historia alcanzó los U$147 por barril debido a fenómenos especulativos de alta volatilidad, que luego en agosto condujeron a un fuerte descenso.
Lo mismo ocurrió con el cobre, que venía experimentando un vertiginoso aumento en su cotización desde 2003, demandado por China e India. Luego de llegar a su máximo (U$ 8940 la tonelada en julio de 2008) registró una abrupta caída de más del 50% en un marco de volatilidad nunca antes visto.
Materiales esenciales en la producción, como el ácido sulfúrico y la soda cáustica vieron también incrementados sus precios hasta un 600%.
Durante los primeros dos trimestres de 2011, factores como el terremoto y tsunami de la costa del Pacífico de Japón, la propagación de los disturbios en la región de Oriente Medio y Norte de África y la consecuente escalada de los precios del petróleo, explican en parte la desaceleración en los Estados Unidos y la Zona Euro. En el primero, el PIB creció en términos interanuales 1.6% en el segundo trimestre 2011, 0.7% menos que el primer trimestre del año. Mientras que en la Zona Euro se obtuvo, en el segundo trimestre, el mismo crecimiento porcentual interanual que en los Estados Unidos, lo que significó una caída de 0.9% con respecto al primer trimestre de 2011.
Esta coyuntura de desaceleración provocó que los precios de las materias primas mostraran, en el tercer trimestre 2011, una tendencia a la desaceleración en términos interanuales.
En América Latina, dos de las economías más perjudicadas por la crisis económica actual son la argentina y la brasileña.
Argentina, con uno de los Índice de desarrollo humano más elevados y con una de las economías más desarrolladas de la región, camina a un mayor endurecimiento de su posición comercial.
Brasil blinda su economía y toma medidas expansionistas, a la vez que decide fomentar el comercio interno, recordando las medidas tomadas en 2008.
México es otro caso paradigmático, debido a la alta dependencia de su comercio exterior con los EE.UU. y a la continua caída en las remesas producto de la desaceleración de la economía norteamericana. Desempleo y aumento de impuestos fueron algunas de las consecuencias vividas por los mexicanos.
La Comisión Económica para América Latina (CEPAL) indicó en su reporte anual que México sería el país más afectado por la crisis económica en la región al presentar una contracción de 7% en su PBI.
También advirtió que habrá problemas en el flujo financiero y de remesas y en comercio e inversiones, y que Centroamérica, México, Brasil y el Caribe serán las zonas más afectadas
Sin embargo, en este contexto de incertidumbre y volatilidad mundial, en 2011 las economías latinoamericanas crecieron en un 4,3%, y estiman que seguirán haciéndolo a 3,7% este año.
Recién comienza el 2012 y nos preguntamos cuál será el destino de las economías de América Latina, siendo que la crisis financiera europea se mantiene.
Considerando que el crecimiento se ha atenuado en los países más grandes de la región, indudablemente, el entorno económico global será menos favorable. Estados Unidos está mostrando un crecimiento un poco más rápido, asimismo en otras regiones la actividad se está desacelerando, incluso en China, que es un gran comprador de materias primas de la región.
Lo que se verá más resentido por la crisis europea va a ser el tema de las exportaciones en América Latina, siendo los más afectados aquellos que exporten productos primarios. Ante esto, los gobiernos de la región acordaron fijar una protección arancelaria para blindar el bloque ante la crisis económica.
Pero a pesar de la crisis, la región aún mantiene cierto “blindaje” y se bien se espera un menor crecimiento producto de la baja en la demanda, lo importante es que no se dejará de crecer.