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2016 debe ser el año de reformas inaplazables en el MERCOSUR

Alfonso González Núñez | 18 Febrero del 2016

En marzo próximo MERCOSUR cumple 25 años de vigencia orgánica. La galería de logros exhibe parcas y poco notables consecuciones secuela de una conciencia colectiva que aun no excede el estado embrionario resultado, a la par, de la pobre voluntad de los protagonistas predominantes por hacer prevalecer el comunitarismo en una zona inagotable en acervos naturales y potencialidades varias pero políticamente indiferente en asuntos que involucran la supranacionalidad.

 

El mejor homenaje por el aniversario del bloque supone el compromiso público, consensuado e inmediato de los líderes por transformar en hechos lo estampado en el tratado de Asunción, protocolos anexos y demás normativas, incluidas las declaraciones y comunicados presidenciales que clausuran las cumbres semestrales usualmente rebosantes de promesas y buenas intenciones circunscriptas invariablemente a la verba oral y escrita.

 

Uruguay, encargado hasta junio próximo de confeccionar la agenda societaria, tendría que sugerir una convocatoria extraordinaria para marzo donde en simultáneo a la conmemoración de estilo se documente, con seriedad y sentido de responsabilidad, la observancia puntual de lo instituido en todos los órdenes agregando una indispensable cláusula en la que se autoricen y se alienten denuncias, demandas y sanciones a las infracciones manifiestas.

 

El mecanismo recomendado, innovador y necesario, dará nacimiento, si se aplicare, a una sólida y estable perspectiva conjunta, un enfoque restaurador de una multilateralidad venida a menos, con criterios armonizados a los proyectos y propósitos compartidos, una madurez de gestión tan renuente a instalarse en nuestro enclave sub continental como consecuencia de visiones sesgadas de la realidad regional siempre subordinada al contexto de cada miembro en particular.

 

La Presidencia de la Delegación de Paraguay en el Parlamento del MERCOSUR anima a que el 2016 se constituya en el ejercicio reformador por excelencia, donde la ingrata y poco edificante experiencia acumulada en el lapso de cinco lustros sirva de aliciente para enderezar la proa de la nave plurinacional y encarrilar los actos por la senda de los acuerdos suscritos, en una suerte de borrón y cuenta nueva en que no solo se admitan deslices y omisiones sino que se propongan y plasmen reparaciones, y se expíen faltas cometidas contra la doctrina de la integración y los propios intereses de la asociación.

 

Los grandes mercados aguardan que el MERCOSUR se sacuda del marasmo, pise el acelerador e irrumpa competitivamente en el comercio internacional, pues dispone de abundante y diversificada materia prima e insumos, parque manufacturero en constante crecimiento, recursos humanos solventes en los diversos niveles del quehacer, expectativas ciertas de aumento de la inversión productiva, y probabilidades de negocios altamente rentables una vez concretados los convenios en tratativas.

 

Con este panorama, Argentina y Brasil poseen la obligación moral y formal de iniciar y encabezar el proceso de metamorfosis estructural del MERCOSUR, a sabiendas de que Uruguay y Paraguay, muy especialmente este último, han dado pruebas fehacientes y suficientes de apego a los postulados fundacionales del grupo, mientras que Venezuela forcejea con punzantes disputas políticas y ahogos económicos internos, por lo que su concurso circunstancialmente es bastante limitado, y Bolivia todavía no completa los requisitos para su incorporación efectiva.

 

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