20 de Noviembre de 2019| Última actualización 11:25 GMT

Ajustes de la nueva ley no incluyen el eslabón perdido de las reformas: la liberación de las fuerzas productivas

Emilio Morales | 22 Mayo del 2014
Emiliomorales

Autor imagen: LRM

Se veía venir desde la arrancada. Los cuellos de botella con los que nacieron el proyecto de la Zona Especial de Desarrollo del Mariel (ZEDM) y la recién aprobada nueva Ley de la Inversión Extranjera han derivado en una positiva pero todavía débil decisión de cómo manejar la contratación del personal que va a laborar allí. Sin embargo la nueva medida no incluyen al eslabón perdido de las reformas: la liberación de las fuerzas productivas.

Desde hace meses la opinión unánime de expertos nacionales e  internacionales observó que la contratación del personal de la ZEDM no era un punto atractivo en el paquete gubernamental para estimular las inversiones en la isla.  Al parecer motivado también por la presión que están ejerciendo los primeros inversionistas atraídos por el proyecto del Mariel (se han fijado en 15 los proyectos bajo consideración), el gobierno cubano ha dado una vuelta a la tuerca y ha hecho un ligero cambio en las reglas del juego.

Las nuevas reglas establecen que los trabajadores contratados en la ZEDM recibirán por sus servicios, el 80 por ciento de los ingresos salariales que pacten las agencias empleadoras con los inversionistas. El pago se hará en pesos cubanos (CUP) con una tasa de cambio especial de uno por 10, a pesar que actualmente la relación del peso convertible (CUC) y el CUP es de 1 por 24 al cambio oficial.

Los salarios que pactarán los concesionarios y las agencias empleadoras se fijarán en CUC, pero se pagarán en CUP. La contratación de la mano de obra no tiene una tarifa  fija, por lo que será decidida mediante negociación entre los inversionistas y la entidad empleadora.De manera que, un salario pactado en 1,000 CUC mensual se convertiría en 8,000 CUP, luego del descuento del 20 por ciento (200 CUC) que corresponderá a la agencia empleadora.

 

Medida cautelosa

Se trata de una medida cautelosa para una verdadera estrategia que demanda pasos renovadores y profundos para romper definitivamente con la mentalidad de finca sitiada que ha atenazado las fuerzas productivas del país por más de 55 años. Una mentalidad que es responsable del estancamiento y el atraso de  la paupérrima estructura de la economía cubana

La realidad es que al cambio oficial el trabajador  estaría ganando unos 19,200 CUP mensuales (al cánculo de 800 CUC x 24). Pero eso no va a ser posible, pues aun no satisfecho con la mordida del 20%, el Estado patrón le da otra más fuerte de 11,200 CUP al engullirse los 14 pesos restantes por cada CUC pactado en el salario y contemplado en el cambio oficial. En conclusión el estado estaría ganando 16,000 CUP (67%) y el trabajador  8,000 CUP (33%) del salario pactado.

¿Es esto una liberación del salario? ¿Es atractivo para trabajador y empresario? Por supuesto que no. El inversionista paga en moneda dura a la empresa empleadora y esta a su vez paga al trabajador el 33% en moneda suave, un negocio redondo para captar divisas.

Los estándares internacionales de cualquier empresa empleadora indican que el porcentaje que retienen por su labor de reclutamiento de la fuerza laboral se encuentra entre el  5 y el 15% del salario pactado entre el cliente y el trabajador contratado, según el caso. El estándar que propone Cuba es de un 67%, más de 4.5 veces mayor.

Aunque lentos e insuficientes, no cabe duda de que los pasos dados por el gobierno cubano para intentar transformar su débil economía están en la dirección correcta, con una meta clara y objetiva. Sin embargo, lo que no resulta ni transparente ni objetivo es la estrategia.

 

Un escollo gigantesco

El principal escollo que tienen la ZEDM y la nueva Ley de la Inversión Extranjera es la estructura obsoleta y desgastada en la que pretenden montarse ambos proyectos. Ninguno tiene como premisa la liberación de las fuerzas productivas en todas sus dimensiones. ¿Se necesitarán acaso 55 años más para hallar este eslabón perdido?

Tanto la zona del Mariel como la legislación largamente acariciada por los sesudos del Consejo de Estado excluyen a los principales actores: los cubanos que viven en la isla. La retranca que tiene impuesta el Estado cubano respecto a las fuerzas productivas es un cáncer que no ha sido extirpado. Y sucede que el cirujano tiene miedo a extirparlo.

Los cubanos hoy pueden viajar, los emigrados invierten miles de dólares con sus familiares y amigos en los pequeños y limitados espacios existentes, lo que suma en conjunto cientos de millones de dólares en inversión. Otros miles mantienen a sus familias con las remesas, pagan a distancia su comida diaria, su ropa, sus medicinas, sus teléfonos celulares y hasta sus vacaciones en la isla. ¿Por qué entonces negarle la posibilidad a los residentes nacionales de salir al extranjero a buscar un crédito con sus familiares emigrados? ¿Por qué no pueden expandir sus negocios prósperos con las ganancias obtenidas o con créditos directos de inversionistas foráneos que quieran invertir en Cuba?

O sencillamente: ¿por qué no pueden formar un fondo de inversiones y constituir asociaciones para reorientar sus ganancias hacia la ZEDM, o emplearlas en las modalidades y proyectos que se comtemplan en la Ley de la Inversión Extranjera?

Para que las transformaciones económicas puedan ser exitosas el cáncer que padece la sociedad cubana tiene que ser eliminado de raíz. Es el gran reto de las reformas emprendidas por el gobernante Raúl Castro. Liberar las fuerzas productivas es algo más que una reforma económica: constituiría la primera gran reforma política en cinco décadas de totalitarismo socialista. El país lo necesita con urgencia y el tiempo se agota.

Parafraseando el eslogan de una campaña de turno en los comienzos de la era revolucionaria, No tenemos derecho a esperar más.

0 COMENTARIOS

Debe estar registrado para comentar