18 de Noviembre de 2019| Última actualización 06:01 GMT

América Latina: donde la geopolítica separa y el comercio no une

Alberto Hutschenreuter | 28 Enero del 2016

A esta altura de los hechos no es ninguna novedad afirmar que en América Latina la geopolítica, es decir, aquella disciplina que se ocupa de pensar el espacio geográfico en términos políticos con el fin de acrecentar el poder nacional, no ha contribuido a difuminar desconfianzas inter-vecinales y, por tanto, a crear condiciones favorables para la complementación o integración regional.

 

Por el contrario, el ejercicio geopolítico en la región ha implicado la predominancia de patrones estato-soberanos que demoraron el acercamiento entre los países por casi todo el siglo XX. Fue tan fuerte el modo de pensar y practicar geopolítica en clave nacional, que las interesantes (e incluso tempranas) iniciativas de complementación regional acabaron naufragando.

 

Acaso con la excepción del Pacto Andino (hoy prácticamente sin vida), fue recién durante los últimos lustros de la centuria, sobre todo a partir del advenimiento de la democracia, cuando los actores latinoamericanos más económicamente viables iniciaron un proceso de complementación comercio-económico.

 

No obstante la notable expansión comercial intra-bloque, sobre todo durante los primeros años, por caso, Mercosur, hoy persisten en diferentes espacios de la región latinoamericana querellas de cuño espacio-territorial que no sólo entorpecen las relaciones entre los países, sino que pueden llegar a disparar fuerzas (como ha ocurrido hace poco tiempo en “zonas de fricción” del subcontinente) que arrastren a los países a situaciones de tensión.

 

Pero lo que sí llama la atención y preocupa es que la región no ha forjado un patrón de mayor interdependencia, compromiso y, por tanto, de poder regional e internacional, a través del comercio. Si, como sostenía Frederic Bastiat, el libre comercio entre los países produce ganancias mutuas y los congrega, en América Latina este aserto está lejos de cumplirse.

 

En efecto, el comercio intrarregional en América Latina viene acusando registros cada vez más bajos, hecho que en buena medida explica el aminoramiento de las energías integracionistas.

 

Si bien es cierto que la configuración de un mundo en base a bloques geo-económicos no fue el futuro que se aseguraba hace un cuarto de siglo, los emprendimientos económicos regionales o aquellos espacios de fuerte dinámica económica se caracterizan por la concentración local de las transacciones comerciales. Por caso, en 2015 la Unión Europea exportó casi el 60 por ciento del total de sus ventas a países pertenecientes a ese espacio,

mientras que el 50 por ciento de sus importaciones provinieron de países de la UE. Por su parte, en el espacio del Asia-Pacífico, donde no existe un bloque geo-comercial, el 50 por ciento de las ventas se realizan dentro de ese dinámico espacio.

 

Pero en América Latina y el Caribe, donde proliferan los emprendimientos de integración regional, las exportaciones intrarregionales no llegan al 20 por ciento, cifra que posiblemente se reduzca debido al anémico desempeño económico (salvo pocas excepciones) que se estima para este año en la región.

 

Más todavía, en aquellos prometedores “nuevos espacios geo-comerciales” de la región, concretamente, la Alianza del Pacífico, el comercio intrarregional se encuentra escasamente desarrollado.

 

En cuanto a aquellos actores que podrían concentrar importaciones por el tamaño de su mercado, las cifras son casi irrelevantes: entre los 26 principales proveedores de Brasil se encuentran apenas cuatro miembros de la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI), que totalizan algo más del 11 por ciento de las compras de ese país, para el que la importancia de la región es mínima en materia de intercambios comerciales: el propio y devaluado Mercosur representa menos del 10 por ciento de su intercambio comercial (dato que en buena medida explica por qué a Brasil se lo piensa más desde la “perspectiva BRICS” que desde la región).

 

En gran medida, ello sucede porque las exportaciones de América Latina están orientadas hacia fuera de la región. En cierto modo, comercialmente la región repite lo que ha sido su patrón geopolítico de crecimiento urbano-poblacional: búsqueda de afirmación y crecimiento hacia el litoral del continente o, comercialmente hablando, hacia fuera del continente.

 

Pero aun considerando la relevancia estratégica que implica “comerciar con el mundo”, resultan interesantes como preocupantes los datos que, a modo de advertencia, nos ofrece el informe de la CEPAL “Panorama de la Inserción Internacional de América Latina 2014”: “La participación de los países de América Latina y el Caribe en las tres principales cadenas globales de valor (China, Estados Unidos y la Unión Europea) es escasa. Con la excepción de México (que en los últimos años ha logrado diversificar sus exportaciones, aunque no mercados), la región no constituye un proveedor importante en bienes intermediarios no primarios para esas cadenas, ni tiene un peso significativo como importador de bienes intermedios originados en esas regiones del mundo”.

 

Es por ello que el mismo informe agrega que es imperioso “un nuevo enfoque centrado en políticas activas vinculadas a mayor inversión en infraestructura, en innovación y en ciencia y tecnología”. Asimismo, advierte sobre la necesidad de robustecer la integración y cooperación intrarregional, puesto que implican un camino capital en relación con la diversificación de la estructura productiva y exportadora de la región.

 

En breve, es un hecho notable que en América Latina, un espacio de alto nivel de paz interestatal, ni la geopolítica ni el comercio fungen como “facilitadores” de congregación internacional. Se entiende que la geopolítica importada de la Europa de principios del siglo XX haya mantenido separados a los países de América Latina durante casi toda la centuria, pero que tampoco los una el comercio, que en buena parte del globo hace a los países más económicamente interdependientes, es un dato más que inquietante para la América Latina del siglo XXI.

 

0 COMENTARIOS

Debe estar registrado para comentar