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China impulsa la creación de cámaras empresarias

Gustavo Girado | 06 Marzo del 2014

A mediados de 2004 se produce la visita del premier chino a varias economías latinoamericanas, sembrando el terreno para futuros Acuerdos Estratégicos, de los cuales se ha dado cuenta en múltiples análisis periodísticos y académicos. Ese avance en la profundización de la relación entre el gigante asiático y Latinoamérica no se produjo de la noche a la mañana. El hecho que de un lado se encuentre una economía muy dinámica pero con un régimen de partido único, como paraguas de “régimen socialista de mercado con características chinas”, hace que uno de los actores de las negociaciones siempre sea el Estado, fuertemente presente en casi toda la economía china, en especial en aquellos sectores donde se concentra el interés de su relación con Latinoamérica: energía, infraestructura y alimentos. Allí las empresas mixtas y privadas chinas aún tienen poco espacio, y es en definitiva el Estado chino el que negocia con Latinoamérica vía sus gigantescas corporaciones, lo que incluye logística y financiamiento.

 

Los interlocutores.-

Si bien con matices, las democracias de mercado latinoamericanas son, a través de sus empresas, las que se sientan en la mesa de negociaciones para atender sus negocios de compraventa con chinos y/o los temas de inversiones recíprocas. Los gobiernos latinoamericanos pisan fuerte a la hora de definir los temas estratégicos, pero hoy por hoy es el sector privado latinoamericano el que impulsa la dinámica comercial con China, y cada uno respondiendo a sus propios intereses. El dilema aparece inmediatamente: ¿cómo negociar de igual a igual entre una empresa privada -por un lado- y una estatal, que es de las más grandes del mundo? ¿Cómo aprovechar el interés que hay sobre China de tantas empresas, si tienen intereses divergentes? Aquí el rol de las cámaras crece exponencialmente.

Tanto el creciente comercio bilateral como el mayor volumen de inversiones recíprocas (China superará a la Unión Europea en 2015 como segundo inversor en Latinoamérica, detrás de Estados Unidos) ha sido ampliamente apuntalado por el trabajo paciente, sistemático y especializado de las Cámaras de Comercio (el nombre cambia por país, pero el tipo de agremiación institucional es el mismo) que, en cada economía latinoamericana, ha sido diferente en virtud que representan intereses privados y generalmente divergentes. Las cámaras se han constituido en la entidad que consigue aunar la mayor cantidad de intereses comunes a las empresas que se relacionan con China, hacen de “abrepuertas” para las pequeñas y medianas, impulsan las alianzas entre empresas privadas, los acuerdos de tipo joint-ventures y alientan esquemas de negociación que son diferentes para cada caso dada las necesidades particulares, antigüedad y experiencia en este tipo de gestión institucional.

El rol que mantienen en las misiones comerciales es esencial (sumando los intereses privados para bajar costos y tener servicios adecuados en China), y la gestión para la participación en múltiples ferias internacionales en oriente las convierte en un actor imprescindible. En especial, frente a las dificultades que encuentran las empresas occidentales a la hora de negociar con los reyes del comercio en su propio territorio, idioma y geografía.

La Cámara Chileno-China tiene antigüedad, experiencia y ha defendido e impulsado el TLC que Chile firmó con China. Pero la antigüedad no dice mucho a la hora de impulsar acuerdos: la Cámara Peruano-China es de 2001 (creada especialmente por empresarios chinos residentes en Perú) y ya en 2009 había conseguido que el gobierno peruano firmara el segundo TLC regional con China, y la costarricense es de 2007 y el TLC se firmó apenas tres años después. Claramente los intereses locales son determinantes para los funcionamientos institucionales y la definición de sus objetivos.

A diferencia de los casos anteriores, las Cámaras binacionales de Brasil y Argentina representen intereses muy importantes (Brasil es el principal socio comercial de China en la región y Argentina donde recientemente las inversiones chinas fueron más dinámicas, según la Cepal), en donde el hecho de pertenecer al Mercosur condiciona las decisiones institucionales (los acuerdos comerciales deben ser firmados como Mercosur y no a título individual) y su eventual apoyo a un TLC, en todo caso, sería (y es) muy difícil de impulsar dado los perfiles de desarrollo que están tratando de apuntalar.

En suma, la mayor institucionalidad que pueden brindar las cámaras latinoamericanas en la relación con China parece funcional a los intereses de las empresas que representan y, por qué no, también a China.

Como se acaba de presentar para el caso argentino, la ausencia de una entidad que pueda unificar la voz del proveedor (de granos y aceites, para este caso puntual) permite que el Estado chino insinúe la necesidad de contar con interlocutores estatales a la hora de asegurarse su abastecimiento futuro de alimentos de calidad, a largo plazo y con precio estable.

La reaparición en Argentina de la discusión sobre la recreación de las Juntas de Granos (borradas del mapa de la vida política en los años noventa) como una necesidad para poder gestionar la oferta con criterios más convenientes para el conjunto social, dejando de lado el interés corporativo y especulador de las grandes traders, no responde solamente a una necesidad del gobierno argentino sino también a un interés del gobierno chino de impulsar negociaciones Estado-Estado, mecanismo con el que evidentemente se siente más cómodo.

 

Lic. Gustavo Alejandro Girado (gustavogirado@asiayargentina.com) Master en Relaciones Internacionales (Flacso) y Lic. en Economía (UBA). Profesor-investigador regular de Economía en la Fac. de Cs. Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Nacional de La Matanza (UNLaM); docente invitado de posgrado en universidades nacionales. Fue consultor en los Ministerios de Economía y Finanzas, de RR.EE. y de Agricultura de la Nación, en el Proyecto Okita II (acuerdo argentino - japonés) y Coordinador del Proyecto BID “Asistencia Técnica para la formulación de propuestas de política que impulsen el comercio bilateral con el Asia Pacífico y las inversiones recíprocas”, en la Secretaría de Política Económica. Con estudios de especialización realizados en Japón, Taiwán y la R. P. China, es autor del libro “Comercio Argentina - Asia Pacífico: una carrera de obstáculos”, de capítulos de libros y de numerosos artículos en medios gráficos. Expositor y panelista en cursos y seminarios sobre la economía de Asia en general y de China en particular, es experto de la CONEAU y obtuvo diversas distinciones nacionales (UBA, Fundación de las Américas) y una regional (ONU/Cepal). Actualmente dirige el Proyecto “Comercio de Argentina con la República Popular China. Evaluación y consideraciones acerca del impacto económico de las medidas tomadas ante la evidencia de comercio desleal”, y es Director de Asia & Argentina.

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