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China multiplica su inversión en Brasil y EEUU intenta frenarla con amenazas

Marco Trade News | 17 Agosto del 2018
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Autor imagen: Foto cortesía

Mientras se multiplican las inversiones chinas en Brasil, el secretario de Defensa estadounidense, James Mattis, llama a ese país “a tener cuidado al escoger sus socios” y lo convoca a estrechar lazos con EEUU.

China es el principal socio comercial de Brasil. En el período 2005-2017, según la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe), Brasil ha recibido el 55% de las inversiones de empresas chinas en Latinoamérica.

Bajo la presión de la política proteccionista de EEUU y de los aranceles unilateralmente dispuestos por el presidente Donald Trump, China está multiplicando y diversificando sus inversiones en la mayor economía latinoamericana.

La relación podría estrecharse aún más, favorecida por un contexto mundial de creciente aislamiento de Washington, con la política de “America First” impuesto por Trump desde su llegada a la Casa Blanca y la guerra comercial desatada no solo contra China sino también contra casi todos sus aliados históricos.

Las inversiones directas chinas en Brasil estuvieron centradas hasta el 2010 en proyectos destinados a asegurar su abastecimiento alimenticio y energético. Pero en los últimos años, la presencia del gigante asiático también se manifiesta en las telecomunicaciones, la industria automotriz, las energías no convencionales y los servicios financieros.

Según el Ministerio de Planificación de Brasil, las empresas chinas invirtieron 53.968 millones de dólares en el país, desde 2003 hasta junio de 2018, en más de un centenar de proyectos. Sólo en 2017, esas inversiones alcanzaron los u$s 10.878 millones.

El proceso de incertidumbre mundial que ha provocado la incesante agresión económica de Trump ha generado un retroceso de los flujos inversores hacia las economías emergentes y Brasil no ha estado ajena a ese proceso. Este año se constata una desaceleración, a la que también contribuye la inestable situación política del país que tendrá elecciones presidenciales de octubre.

De todos modos, Brasil ha estado retomando algún dinamismo y requiere de inversiones para dinamizar su economía y disminuir su déficit fiscal. Ese apetito coincide con la avidez de China de materias primas para su desarrollo, en el marco de su “Made in China 2025”, la determinación estratégica de la segunda economía mundial a convertirse en potencia global en sectores de avanzada tecnológica.

Brasil logró en los últimos años, pese a su grave crisis, tener cuentas externas saludables gracias a excedentes comerciales récord, principalmente con China (superávit de 20.166 millones de dólares en 2017).

Según datos oficiales del Ministerio de Desarrollo y Comercio Exterior (MDIC) de Brasil, la facturación de productos brasileños hacia China, que representaban menos del 2% del total de sus exportaciones en el año 2000, significaron 15% en 2010, un 22% en 2017 y 26% solo en el primer semestre de este año.

Algunos analistas señalan que esas ventas hacia China están centradas en un 86% de productos básicos (soja y hierro principalmente), mientras que la casi totalidad (97,3% en 2017) de las importaciones brasileñas procedentes de China están constituidas de productos manufacturados y que eso provoca un riesgo de desindustrialización.

La argumentación es falaz. La matriz exportadora de toda la región padece de la misma limitación y ha sido generada por el rol que las potencias económicas como EEUU y Europa le asignaron en los dos siglos pasados a América latina. La diferencia con las inversiones chinas actuales es que muchas de ellas –como sucede en Africa– están destinadas a la infraestructura necesaria para el desarrollo regional, y en este caso, la de Brasil.

En marzo, la China Communications Construction Company (CCCC), por ejemplo, inició las obras de un puerto en Sao Luis (Maranhao, noreste), financiado en un 70% por el ICBC (Banco Industrial y Comercial de China).

Para el presidente del Consejo Empresarial China-Brasil (CEBC), Luiz Augusto de Castro Neves, “China puede desempeñar un papel muy importante para ayudar a la economía brasileña a salir de su estancamiento” y desecha esos temores, argumentando que las ventajas comparativas de Brasil en el sector de los agro-negocios se debe a que éste también tiene ‘un valor añadido creciente’: “Producir soja envuelve hoy en día mucha tecnología y muchas actividades afines”, además de la presencia de inversiones chinas en telecomunicaciones, infraestructura de transporte, etc.

Ante esa presencia de China en Brasil y en el resto de la región, el secretario de Defensa estadounidense, James Mattis, en una réplica de las políticas más vetustas de la “guerra fría”, al iniciar esta semana una gira por el subcontinente, llamó a Brasil “a tener cuidado al escoger sus socios”, en alusión a China, y le recomendó estrechar lazos con EEUU.

En un retórico esfuerzo por minar la creciente influencia de China en América latina, Mattis sin abrir su billetera, tuvo el atrevimiento de sugerirle a Brasil, uno de los países más grandes del mundo y el líder de la región, cómo debe manejar sus intereses nacionales.

Mattis eligió el martes pasado, un acto en una escuela militar de Río de Janeiro, para recordar –según él– que “EEUU. y los países de Latinoamérica, en especial Brasil, tienen intereses basados en una historia compartida en términos geográficos, democráticos” (..) “Otros no pueden decir lo mismo con credibilidad”, agregó Mattis sin recordar el rol de EEUU en las trágicas dictaduras militares en la región.

En otra parte de sus declaraciones de este martes, el jefe del Pentágono también ha expresado la disposición de Washington para alcanzar una “relación más fuerte” con Brasil, en particular, por el uso de la base militar espacial de Alcántara (en el estado de Maranhao, noreste de Brasil), considerada estratégica para el lanzamiento de cohetes espaciales y en el nuevo esquema planteado por Trump de creación de una fuerza militar en el espacio.

Fuente: Agencias – Redacción Marco

 

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