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Consolidar el yuan tiene costos

Gustavo Girado | 27 Agosto del 2015

La economía de China sigue creciendo, pero a menores tasas. El Politburó informó que este año pretenden crecer un 7%, que es la tasa a la cual lo hicieron los dos primeros trimestres de 2015, pero dado el nivel de actividad global y el pantano en el que se encuentra su principal socio comercial (Unión Europea), han tomado medidas para impulsar la economía con su clásico pragmatismo, ya que aquel target se desvanece. Sus exportaciones se deslizan hacia abajo: crecieron un 8,6% en 2013, un 5,5% en 2014 y un 2,2% en los primeros siete meses de 2015. Con la noticia de la caída de sus ventas al exterior en más de un 8% en julio (al igual que las importaciones), decidieron devaluar.

 

Pero, ¿son estos los únicos motivos? Cuando la crisis asiática de 1997 hizo estallar el modelo asiático de desarrollo, China no devaluó. Mantuvo su nivel de actividad, le compró a sus vecinos el excedente de productos no vendidos mientras llevaban a cabo "devaluaciones competitivas", para colaborar con los diferentes mecanismos de salida que cada uno eligió. Asumió un rol que casi nadie le había asignado en la región, y ante la mirada atenta de Japón y Corea, pasó a ocupar otro lugar en la mesa.

 

Cuando acontece la reciente crisis global, en Asia Pacífico duró relativamente poco porque sucedió exactamente lo mismo: las monedas regionales se derrumbaban y China sostuvo el nivel de actividad, no devaluó y es desde entonces el principal destino de las exportaciones de sus catorce economías vecinas. Nadie discute ya su importancia regional, ni su peso específico. Pero no todos están de acuerdo.

 

Pretendo decir que las menores exportaciones son un buen argumento para devaluar (aunque discutible), pero no suficiente en el caso chino. Si no devaluó en circunstancias aparentemente peores, ¿por qué ahora? Cuando el yuan se despega del dólar en 2005, comenzó a revaluarse, moviéndose en una banda diaria del 2%. En pocos años se convirtió en la moneda que más se había valorizado frente a la divisa. En 2014 un 12%, y frente al yen japonés, un 21%. El G7, feliz.

 

Y es en esas circunstancias (de revaluación a pesar de la fortaleza del dólar -revaluado un 22% en el año frente al euro- y de la anunciada suba de la tasa para fin de año de la Reserva Federal), que el gobierno chino decide ajustar la paridad ligeramente, alcanzando en tres días un "ajuste casi completado", en palabras oficiales. Más aún: el martes pasado el yuan tenía la misma paridad con el dólar que hace casi 8 meses, pero en ese lapso el dólar subió un 8,7%; dólar y yuan subieron juntos frente al resto de las monedas de los países desarrollados, y la estrategia china terminó siendo un salvavidas de plomo. Este escenario parece más acorde con las decisiones de esta semana, que son las de cambiar las reglas del juego. Pero creo que hay que hacer más consideraciones.

 

Desde hace unos años, China y otras economías cuestionan la escasa representatividad que tienen dentro de instituciones de crédito multilateral dada su importancia real, y la respuesta occidental ha sido, como máximo, "lo veremos más adelante". Así respondió la titular del FMI, Christine Lagarde, esta semana, contestando el requerimiento chino para que el yuan forme parte de la canasta de monedas que sostienen el DEG. El FMI declaró que necesita que los mecanismos de mercado actúen sobre la moneda en cuestión, y no sea tan controlada, aprovechando el sinsabor que produjo la caída del índice bursátil en Shanghai. Precisamente, las declaraciones de funcionarios chinos fueron en ese sentido: acelerarán la apertura del mercado financiero, el de divisas, y con esto atraerán inversores foráneos. En línea con su requerimiento político, China se va ajustando a las reglas del club global (léase OMC y las obligaciones que le impuso), pero a su manera. Si su representación política no llega a estar a la altura del peso específico alcanzado, seguramente asistiremos a más gestos de independencia de los poderes que modelaron el funcionamiento del mundo en la segunda posguerra. Ya crearon el Banco de los BRICS el año pasado, el Banco de Infraestructura e Inversiones de Asia (AIIB), imponen sus reglas en el ASEAN+3 frente a la presión de EE UU con su tan mentado TPP, etc. Consolidar el yuan tiene costos. Evidentemente, esto no ha terminado, ni mucho menos.

 

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