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Devaluación, ¿un mal necesario en Latinoamérica?

Juan Carlos Sosa | 21 Febrero del 2013

Casi coincidiendo con el retorno de Hugo Chávez, se dio a conocer la medida que llevó a la devaluación del 32% la moneda venezolana. Lo que se interpreta como una medida económica, sin duda, tiene sus matices políticos.

Financieramente, esta decisión posee un profundo alcance regional, siendo que varias naciones cercanas tienen en Venezuela a su principal socio económico y sin bien aún no se han visto directamente afectadas por la medida es factible arriesgar algunos cambios en las relaciones bilaterales.

Vecinos y aliados, como Brasil, Argentina o Bolivia, manifestaron en diferentes situaciones su preocupación frente a la medida, aunque en general, estos países han venido registrando un superávit comercial respecto a Venezuela.

En cambio, Colombia, Panamá, Cuba y Nicaragua, por ejemplo, podrían ser los primeros en sentir el impacto de la devaluación en sus relaciones comerciales. De hecho, Colombia recientemente decidió actuar en su frontera para evitar el contrabando que, según denunció, comenzó a filtrarse desde el país limítrofe, provocado por la baja de los precios en varios productos de consumo.

Algo que ha sorprendido y los medios se ocuparon de destacar, fue la evidente relación que une a Venezuela con Estados Unidos, su principal cliente petrolero. Pese a las evidentes (me permito remarcar) diferencias políticas entre ambos países, las relaciones comerciales hablan de un vínculo que no se deja llevar por las apariencias.

Ciertamente la devaluación encarecerá los productos extranjeros que llegan a Venezuela por lo que es lógico pensar que podría haber algún tipo de modificación en las compras a los países importadores, que en el caso de Venezuela son varios.

Además, se ha anunciado que para varios productos opera un estricto control de precios, que mantiene las cotizaciones en niveles inferiores a los costos de producción y que en la práctica aplica tanto para productos importados como nacionales.

Quizá no sea necesario aclarar que Venezuela es un país que importa casi el 40% de los alimentos que consume y muchos otros productos pertenecientes a las áreas de energía, cosmética o farmacia son también adquiridos en el extranjero.

En tanto y esperable será que las empresas venezolanas no puedan cumplir metas gubernamentales. Las nuevas proyecciones para 2013 dejan ver un crecimiento prácticamente anulado por la devaluación de entre 0% y 1%.   

La medida va en menos cabo de la mayoría que constituye la base política del proceso venezolano. Los indicadores sociales se verán afectados si no se implementan otras medidas que acompañen la devaluación.  

En este complejo panorama, la reactivación del comercio con Venezuela requerirá no sólo acciones del sector privado para mejorar su competitividad en un entorno de devaluación y regulación de precios, sino también exigirá la intervención directa, en algunos casos, de los gobiernos para lograr mayor compromiso político en beneficio de mejores condiciones comerciales.

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