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El MERCOSUR debe buscar innovadoras modalidades comerciales

Alfonso González Núñez | 29 Octubre del 2015

La reciente suscripción del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP), el pasado 5 de octubre, entre 12 Estados marítimos de América, Asia y Oceanía, es patente modelo de cómo se pueden acelerar los tiempos simplificando las negociaciones y conviniendo consensos, cuando las voluntades, metas y expectativas de los flamantes miembros son coincidentes en materia de liberalización comercial amplia, entendido como la exención total de gravámenes aduaneros a la importación y exportación.

El propósito pactado de eliminar en un 100% los aranceles en el presente año, pone al descubierto las intenciones de países que como Estados Unidos, Canadá, Méjico, Chile, Perú, Japón, Australia, Nueva Zelanda, Brunei, Singapur, Malasia y Vietnam, apuestan resueltamente a barrer con las políticas ultra nacionalistas de notorio acento proteccionista, que con el pretexto de escudar las producciones nacionales de la competencia extranjera, sellan literalmente sus fronteras fijando prohibitivos tributos a la industria foránea e imponiendo a las clientelas una especie de dictadura de consumo en la que los precios razonables y accesibles a todo público lo monopolizan los escaparates con manufacturas locales.

En un plazo de 7 años, que arrancó en el 2008, tiempo destacable para la concreción de este tipo de emprendimientos multilaterales, el TPP irrumpe en la órbita de los bloques de naciones acercando y aliando a tres continentes bañados por el océano pacífico con la propuesta común de fomentar el expedito intercambio sin más condiciones que las establecidas por la ley de la oferta y la demanda.

La libre circulación de mercancías, servicios, capital, mano de obra, tecnología e inversiones de un territorio soberano a otro es la marca registrada de la globalización, cuya herramienta fundamental, la integración, propende a exterminar el fosilizado aislacionismo culpable en superlativa magnitud de los estancamientos, declives y/o debacles económicos de naciones poco o nada amoldadas a la interdependencia, la complementación, y la reciprocidad, factores determinantes en un mundo gobernado por el comunitarismo.

El TPP nos alerta indirectamente sobre la obsolescencia de la Decisión 32/00 del Consejo Mercado Común (CMC), que desde el 30 de junio de 2001 exige a los Estados Partes a estipular conjuntamente acuerdos comerciales con terceros países o asociaciones de países que otorguen preferencias arancelarias.

Chile, Perú y Méjico son miembros plenos de la AP, y paralelamente lo son del TPP, al que no adscribe Colombia, sin que hubiere obstáculos normativos que impidan pertenecer a ambos bloques al mismo tiempo, un estilo de moderna mercadotecnia que debiera emular el MERCOSUR, eximiendo a sus componentes de la obligación de ceñirse a una suerte de corsé reglamentario que restringe la exploración de nuevos espacios de inserción comercial.

El MERCOSUR tendrá que abdicar de los talantes retardatarios con que nos acostumbran los afiliados predominantes, principalmente el consocio argentino, u observaremos impotentes a la vera del camino el surgimiento y la multiplicación de mancomunidades convergentes que con la premisa del desarrollo colectivo unifican talentos, recursos y experiencias sin discriminaciones ni exclusiones, y menos aún creando y aplicando dificultades de orden impositivo.-

La Presidencia de la Delegación de Paraguay en el Parlamento del MERCOSUR, reitera con firmeza una vez más la necesidad de eliminar o flexibilizar la Dec. 32/00 e insta a las repúblicas que componemos el Mercosur, a seguir los parámetros universales dictados por el mercado, a tomar como ejemplo al TPP, y la propia Alianza del Pacífico (AP), para vencer prejuicios inconducentes y paralizantes que demoran la rúbrica de convenios comerciales, caso el Acuerdo Birregional con la Unión Europea (UE), que con cauto optimismo aguardamos se concluya en noviembre próximo.

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