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El ritmo del crecimiento chino y sus implicancias para Argentina

Gustavo Girado | 01 Marzo del 2012

La velocidad del desarrollo de la República Popular de China prácticamente le asegura el primer puesto como exportador e importador de productos agrícolas; sin embargo, la suba en el precio de las commodities del último quinquenio y los crecientes problemas medioambientales, parecen poner un límite definitivo al crecimiento desmedido y son considerados “daños colaterales” como subproducto del desarrollo. En un contexto de deterioro global de la actividad económica, probablemente observemos ahora un crecimiento menor de sus exportaciones agrícolas, porque el incremento en el consumo interno junto al cambio en los hábitos de consumo de la población, pueden torcer la mirada de la industria alimenticia hacia el mercado doméstico.

Debe recordarse que el impulso del crecimiento estaba ligado al incremento de la inversión, pero desde poco antes de la reciente crisis, la variable que el gobierno decidió estimular es el consumo, pues es la llave que serviría para cumplir con dos objetivos simultáneos: mantener un alto nivel de crecimiento mientras se evita el recalentamiento de algunos sectores. Este aspecto aparece especialmente subrayado en el último Plan Quinquenal presentado por el gobierno chino.

Desde ese punto de vista, hay varias señales (de mercado, políticas) que parecen convergentes con los intereses de los empresarios argentinos interesados en el mercado chino. Tanto las políticas chinas (para contener la inflación, para alentar el consumo interno, para evitar el sobrecalentamiento en algunos sectores) como las argentinas de promoción, colaboran con cualquier empresario local que se anime a incursionar en China.

Debido a que los principales socios comerciales de China (Japón, la UE y EE.UU., en ese orden) están ingresando en recesión, posiblemente China también padezca las consecuencias de la crisis. Pero cuidado, porque desde el segundo semestre de 2007, la variable consumo explica el mayor aporte al crecimiento del PIB y ya no sus ventas al exterior. Paralelamente, la economía de China no puede -políticamente- crecer menos del 6/6,5% anual, porque si no lo hace no puede darle trabajo a los más de 11 millones de personas que se incorporan anualmente al mercado de trabajo (sin contar los que buscan trabajo con motivo del cierre de empresas durante ese año). El régimen político vigente hace descansar el consenso en el crecimiento económico que, de deteriorarse, corre serios riesgos. China no desea “otro Tienanmen” y por eso tiene un piso de crecimiento que intentará mantener.

De lo anterior, y a esta altura de los acontecimientos, no puede inferirse una consecuencia lineal de la crisis en China. Históricamente, Argentina no se ha podido apropiar de los beneficios derivados del gran crecimiento mencionado, a pesar que las mejoras en las condiciones de vida promedio allí (y en sus vecinos) ya les permiten consumir o preferir consumir productos que no son de primera necesidad.

Aunque improbable (por el tipo de productos que Argentina le vende masivamente), las ventas del país sudamericano podrían afectarse si es que esa gigantesca aspiradora de materia prima alimenticia e industrial en que se convirtió China se desacelera. La preocupación más sustentable aparece por el lado de las compras argentinas, ya que si los mercados de destino de productos chinos se le achican, tendrá volúmenes importantes de productos para volcar al mercado internacional. Si además se reduce su mercado interno, los excedentes serían aún mayores. Pero hay que señalar que China se ha convertido también en un importantísimo proveedor de Bienes de Capital y de sus Partes y Piezas (no sólo de Bs. de Consumo). Esto obedece, entre otros motivos, a que se acentuó la instalación de filiales de transnacionales en China, y por ello esas empresas de origen no asiático exportan desde ese continente con tecnología y know how ya conocido para la región, pero con la salvedad que ahora es de origen y procedencia oriental.

China, que representa el 80% del PIB de la región del Asia Pacífico, ha reducido su crecimiento del 10,4% (2010), al 9,1% en 2011, según indican recientes proyecciones. Las previsiones para 2012 rebajan todavía más la cifra hasta el 8,4%, debido a las medidas que aplica el gobierno chino para enfriar algunos sectores de su economía. El Banco Popular de China (BPCh), el banco central, anunció recientemente que mantendrá una política monetaria prudente precisamente a causa de las presiones a las que se enfrenta el país para mantener el crecimiento económico y controlar la inflación.

No obstante ello, China debe seguir creciendo mientras se disciplina acordando acciones con el G7 (léase rebaja de tasas) y mantiene una actitud “globalmente responsable” (como en la crisis de 1997, cuando no se sumó a la corrida de devaluaciones competitivas de sus vecinos). Mientras se integra más al mundo y si la demanda de consumo en China se ralentiza, las exportaciones podrían ser de nuevo el objetivo de política pública prioritario. En este caso, las luces de alarma no sólo se encenderán en Argentina.



Por Gustavo Girado, Máster en Relaciones Internacionales (Flacso) y Lic. en Economía (UBA). Director de Asia & Argentina

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