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Empresas mixtas en Cuba: incógnitas y urgencias

Emilio Morales | 14 Noviembre del 2013

La crisis política y económica en Venezuela, sumada a la carencia de capital para inversiones en Cuba, ha generado en los últimos meses un movimiento desesperado por regresar a la exitosa época del boom de las empresas mixtas en la isla.

Las empresas mixtas jugaron un importate rol en la recuperación de la economía en la década de los noventa, cuando ocurrió la crisis del período especial. Muchas de ellas fueron creadas para darle soporte a las necesidades del creciente mercado turístico -que estaba en una etapa de expansión en aquel entonces- y a la liberación de la tenencia de divisas que dio origen al mercado minorista dolarizado.

El objetivo principal era desarrollar la infraestructura de las industrias que le dan soporte al sector turístico, sustituir importaciones y recuperar la economía nacional.
Las empresas mixtas se concentraron en varios sectores de la economía, con mayor peso en la actividad industrial, el turismo, la industria alimenticia y el sector inmobiliario.

La toma de decisiones, por lo general, quedaba en manos de la parte extranjera -previo acuerdo con la parte cubana-, pues eran la que aportaban el capital financiero y la tecnología. Estas empresas jugaron un papel de primer orden en la formación de los recursos humanos y en el uso de las técnicas capitalistas de mercadeo. Paralelamente, surgió el llamado “perfeccionamiento empresarial”, dirigido por el aparato económico del Ministerio de las Fuerzas Armadas.

Los directivos de esas compañías tenían entre sus miembros a oficiales entrenados y educados en las técnicas de mercadeo, sobre todo en los puestos más altos. Era una forma de tratar de garantizar la lealtad, evitar la corrupción y mantener un estricto control sobre la información.

El auge de la actividad empresarial de nuevo tipo fue tan fuerte, que -junto a las empresas operadoras de las zonas francas y otros tipos de asociaciones- lograron acumular  un capital comprometido para inversiones que rondaba los  $3,000 millones de dólares.

La sombrilla de la incertidumbre
Sin embargo, a partir del 2002, comenzaron a declinar en cantidad y  capital para invertir. En el 2004, el gobierno dio un giro de 180 grados y volvió a la economía centralizada, dando lugar a un rápido  proceso de  desaceleración de las inversiones, que congeló paulatinamente el proceso aperturista comenzado en la década de los noventa.

El retranque gubernamental desencadenó el cierre de alrededor de 200 empresas mixtas, lo que provocó un bajón en el monto total del capital comprometido para realizar inversiones en el país. En cambio, se optó por dar mayor prioridad a las inversiones de socios gubernamentales como Venezuela, China y Brasil que a los inversores privados, relegados a un segundo plano mediante una acelerada disminución de sus contratos.

Si comparamos los años 1999 con el 2011, podemos apreciar el decrecimiento brusco de la cantidad de empresas mixtas y de inversión directa en la isla. Todos los mercados bajaron sus números de empresas con negocios en la isla, exceptuando Venezuela, que fue el único socio con el que crecieron los negocios y las inversiones.

De las 13 empresas mixtas venezolanas que existían en 1999, el salto fue hasta 30 en el 2001. En contraste, en esos tres años las de España se redujeron de 85 a 48, las de Canadá de 61 a 33, y las de Italia de 54 a 30.

Muchas de las entidades que sobrevivieron  y permanecieron en el  país, sufrieron un corralito financiero que comenzó a finales del 2008 y llegó hasta comienzos del 2010. La medida generó tensión entre el gobierno cubano y la diplomacia española, al verse afectadas unas 300 firmas que de una forma u otra tenían negocios en la isla.

Atascadero y escasez
La falta de liquidez del gobierno cubano derivó en ese atascadero empresarial, que además de afectar el abastecimiento de materias primas para las distintas industrias en operación, provocaron escasez en los inventarios de las cadenas minoristas dolarizadas y en el suministro de productos al sector turístico. Al mismo tiempo, influyó en el descenso en las inversiones de capital extranjero por la falta de pagos.

Con la llegada de Raúl Castro al poder, el gobierno ha pasado a reformar la economía mediante la llamada “actualización del modelo económico cubano”. El proceso raulista  plantea, entre otras prioridades, la introducción de mecanismos de economía de mercado, pero bajo el sistema planificación socialista a todos los niveles. Una de las premisas de las reformas es abrir la economía a las inversiones extranjeras mediante la creación de empresas mixtas, en las que el Estado cubano siempre va a disponer de al menos un 51% de las acciones.

Desde el comienzo de la implementación de las reformas hasta hoy, el grueso de las acciones ejecutadas en la transformación del modelo económico cubano han sido dirigidas a la apertura del sector privado y a la agricultura. Por el contrario, el estímulo a las inversiones extranjeras no ha corrido con igual suerte. Más bien, ha sido detenido como consecuencia de la cruzada en la lucha contra la corrupción de los inversionistas extranjeros y empresarios cubanos representantes de empresas estatales que tienen relaciones con las compañías extranjeras radicadas en el país.

Como resultado de esta cruzada anticorrupción fueron detenidos varios empresarios extranjeros y cubanos de alto rango (incluidos un ministro, varios viceministros y directivos de empresas). Los arrestados, fueron llevados a juicio bajo cargos de corrupción, sobornos y otros delitos, y algunos han recibido sentencia de hasta 20 años de privación de libertad, como el chileno Max Marambio; otros han salido absueltos después de haber estado más de un año en prisión en espera del juicio. El caso más alarmante envuelve al empresario canadiense Cy Tokmakjian, de 73 años, quien cumple por estos días dos años de arresto sin que le hayan formulado cargos delictivos, y sus empresas han sido suspendidas en Cuba.

Sin dudas, la cruzada anticorrupción ha generado un ambiente poco atractivo para los inversionistas extranjeros, generando un ambiente de incertidumbre e inseguridad que lejos de atraer a los inversionistas, ha servido para detener el flujo de capitales hacia el país.

Buscando nuevos inversionistas
El gobierno cubano acaba de crear una zona especial de desarrollo en el puerto de Mariel, al oeste de la Habana, a partir de la inversión de $ 900 millones de dólares del gobierno brasileño, con el fin de tomar un segundo aire y tratar de atraer el capital foráneo.

A todas luces, conocidas las circunstancias actuales de la economía cubana y la crisis en Venezuela -su principal aliado y uno de los dos soportes económicos más importantes- el gobierno se está moviendo en dirección de promover la inversión extranjera en diversos sectores de la economía. Este movimiento estratégico pretende superar los resultados obtenidos en la década de los noventa.

En este contexto de urgencias el futuro incremento y desarrollo de las empresas mixtas en Cuba se encuentra en los sectores del turismo, la agricultura y los bienes raíces.

Sin embargo, la posibilidad de que los tradicionales socios radicados en la isla revivan las inversiones en el mercado cubano es incierta.

La inseguridad generada por la falta de transparencia en los casos de los empresarios extranjeros detenidos y en las empresas extranjeras cerradas, han creado un clima de desconfianza que todavía permanece latente en las alternativas inversionistas en la economía de la isla.

La necesidad de una nueva ley de inversiones extranjeras -anunciada por Raúl Castro a comienzos de este año- más flexible y atractiva tiene en compás de espera a los potenciales inversionistas, y su demora explica el poco movimiento de capitales hacia la isla en el último año.

A la espera de la unificación monetaria
A este panorama de cautela y parálisis debe sumarse el anuncio de un proceso de unificación monetaria; es obvio que las empresas extranjeras con inversiones en Cuba se verán golpeadas de una manera u otra con los ajustes cambiarios, y esperar es mucho más recomendable que proceder en materia de dinero.

Así, los esfuerzos que realiza el gobierno por atraer una nueva ola de inversionistas a la zona del Mariel se van a ver sensiblemente impactados. La incertidumbre de la unificación de las dos monedas  constituye un elemento que, de inmediato, tiene un efecto retardador para las inversiones extranjeras.

El gobierno está urgido en encontrar nuevas fuentes de inversión y asegura que la reforma legislativa en proceso hará más atractiva las condiciones para la llegada de capital extranjero al país. La gran pregunta de esta nueva ley es si en el mapa inversionista que amasa el Ministerio de Comercio Exterior y la Inversión Extranjera  podrán incluirse por primera vez en más de medio siglo los cubanos residentes en el exterior, que según la retórica oficial, son parte indisoluble de la nación.

Pero la ley no acaba de aparecer en el momento en que más Cuba lo reclama. Y es muy peligroso, pues en tanto la crisis se acrecienta, el país va perdiendo el atractivo y la confianza que necesita para conquistar a los nuevos inversionistas del siglo XXI.

 


Emilio Morales. Economista cubano. Ex jefe de planeación estratégica de mercadotecnia en la corporación CIMEX y autor de los libros Cuba: ¿tránsito silencioso al capitalismo? y Marketing without Advertising, Brand Preference and Consumer Choice in Cuba. Es presidente de The Havana Consulting Group, en Miami.

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