10 de Diciembre de 2018| Última actualización 22:11 GMT

Especialistas advierten que las potencias se están preparando para una posible guerra comercial

Marco Trade News - Fuente: AFP, Xinhua, Bloomberg | 20 Febrero del 2018
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Autor imagen: Třinecké železárny

 

En las primeras reacciones chinas a la amenaza del acero, China deja en claro que quiere una cooperación comercial saludable y de ganar-ganar con EEUU, pero muestra al mundo que en los últimos meses el país conducido por Trump tiene otros rumbos y se vuelve cada vez más proteccionista.

 

Dos artículos publicados en la Agencia oficial Xinhua muestran las primeras reacciones chinas, adversas a las amenazas del presidente de EEUU de aplicar aranceles desproporcionados al acero y a riesgo de desatar una guerra comercial de carácter global.

 

En una entrevista a Jon R. Taylor, profesor de ciencia política de la Universidad de St. Thomas, en Houston, Xinhua se hace eco de unas declaraciones del académico estadounidense en el sentido de que el proteccionismo que ha adoptado su país, perjudicará eventualmente a su propia economía y también al mundo en su conjunto.

 

Taylor manifestó esta semana que le preocupan las posibles prácticas proteccionistas de EEUU: “Si estás poniendo aranceles de importación sobre este tipo de cosas, perjudicas no sólo nuestra economía, sino también la mundial al final. Creo que eso es preocupante”.

 

El Departamento de Comercio de EEUU ha lanzado investigaciones contra importaciones de acero y aluminio desde varios países, en la última acción de proteccionismo del gobierno del presidente Donald Trump. El pasado martes en un comunicado anunciando esas investigaciones, se apuntó a productos proveniente de Canadá, China, Grecia, India, República de Corea y Turquía, en respuesta –según aseguró Comercio– a reclamos  planteados por varias empresas estadounidenses.

 

China inmediatamente llamó a EEUU a moderar el uso de restricciones comerciales y evitar desatar una guerra comercial. Wang Hejun, director del Departamento de medidas correctivas comerciales e investigación del Ministerio de Comercio, dijo en un comunicado que “China está preocupada por la grave tendencia de proteccionismo por la parte estadounidense en el campo de productos de acero”.

 

Para Taylor, no hay camino para escapar de la globalización: “Tienes que participar en la cooperación económica”. Y puso un sensible ejemplo: la imposición de barreras para las compañías chinas que hacen negocios en EEUU, va a reducir la inversión directa extranjera, que es clave para la economía estadounidense.

 

En un importante artículo de la sección Enfoque de Xinhua, que refleja el pensamiento estatal sobre las duras medidas recientes impuestas por el gobierno de EEUU al comercio, por el posible daño a los lazos económicos entre ambos países, se manifiesta que “EEUU y China tienen mejores opciones para resolver cuestiones comerciales”, algo en lo que coinciden los más importantes analistas mundiales.

 

A fines de enero, Trump había aprobado la imposición de aranceles de hasta 50% a lavadoras y de hasta 30% a paneles y módulos solares importados, durante los próximos tres y cuatro años. Para eso, recurrió primera vez, desde 2001, a revivir la Sección 201, una herramienta obsoleta de la poco usada Ley Comercial de 1974, para imponer de manera unilateral aranceles u otras restricciones a las importaciones extranjeras.

 

Y en uno de sus habituales arranques populistas, la semana pasada avanzó con un nuevo ataque proteccionista para establecer aranceles sobre el acero y el aluminio importados y amenazó con tomar acciones adicionales contra sus dos principales socios comerciales asiáticos, China y Corea del Sur.

 

Para Dana Peterson, directora de economía de América del Norte de Citi Research, la administración Trump está enfocada en alterar los “desequilibrios comerciales y de cuenta corriente...lanzando investigaciones de alto perfil sobre abusos fiscales y comerciales e imponiendo acciones comerciales punitivas… Desde un punto de vista económico, las guerras comerciales no serían benéficas para Estados Unidos”.

 

Quizás la voz más relevante de cuantos ven peligrosos e inconsistentes los planteos de Trump sea la de Stephen Roach, ex economista jefe de Morgan Stanley y presidente de Morgan Stanley Asia, actualmente  investigador principal del Jackson Institute of Global Affairs de la Universidad de Yale y autor de un libro sobre la “Codependencia de EEUU y China”.

 

En un artículo publicado en Project Syndicate bajo el título de “Cómo perder una guerra comercial”, Roach destaca: “La administración del presidente Donald Trump, que ha sido proteccionista desde sus inicios, ha pasado de la retórica a la acción en su campaña declarada para defender a los trabajadores estadounidenses de lo que Trump llama la “carnicería” de “terribles acuerdos comerciales”. Desafortunadamente, en el mejor de los casos este enfoque resulta retrógrado. En el peor, perfectamente podría desencadenar medidas de represalia que solo exacerbarán la difícil situación en que se encuentran los atribulados consumidores estadounidenses de clase media. Así es exactamente cómo comienzan las guerras comerciales”.

 

Para Roach, “está claro que China es el objetivo… Asimismo, la llamada investigación de la Sección 232 sobre amenaza a la seguridad nacional planteada por importaciones desleales de acero también apunta a China, como el mayor productor de acero del mundo”.

 

Trump, Ross y los suyos parecen no advertir que –como señala acertadamente Roach– “Si esas acciones adicionales ocurren, espero totalmente que China adoptará represalias con sanciones comerciales propias contra los exportadores estadounidenses, un duro golpe para el tercer mayor mercado de exportaciones y el de más rápido crecimiento de EEUU”.

 

Según James G. Rickards, recibido con honores en Pensilvania University, autor de bestsellers financieros, que trabajó en Wall Street durante 35 años (asesor del Fondo LTCM y Director de inteligencia de mercado en Omnis, Inc): “China no aceptará, sino que tomará represalias por cualquier acción tomada por los EEUU… China filtró el mes pasado, un anuncio de que su Banco Popular estaba considerando destinar sus reservas a compras adicionales de valores del Tesoro de los EEUU. Eso debe tomarse no como una amenaza inmediata, sino como un disparo en el arco que indica cómo China podría tomar represalias por los aranceles de los EEUU u otras sanciones comerciales. Esta nueva guerra comercial se pondrá fea rápidamente y la economía mundial será un daño colateral”.

 

Ya a mediados del 2017, en una carta del American Action Forum, 15 ex presidentes del consejo de asesores económicos de la Casa Blanca, habían advertido no seguir por ese camino: “Más aranceles al acero dañarían realmente a la economía de EEUU. Los aranceles aumentarían los costes para los fabricantes, reducirían el empleo en la industria y elevarían los precios a los consumidores”. Esas carta la firmaban personalidades como Ben Bernanke, Alan Greenspan, el Premio Nobel Joseph Stiglitz, Glenn Hubbard, Christina Romer y Martin Feldstein, entre otros.

 

Los economistas señalaban que EEUU ya tiene más de 150 aranceles a las importaciones de acero, algunos de hasta el 266% y que las principales fuentes de acero del país provienen de aliados fundamentales de EEUU, como Canadá, Brasil, Corea del Sur y México.


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