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Hay que ser más justos

Alicia Parente | 23 Febrero del 2012

Quisiera comenzar acercándoles brevemente una idea sobre el comercio justo: Este tipo de comercio es una forma alternativa de comercio que es promovido tanto por la ONU como por varias ONGs y movimientos sociales y políticos. Entre algunos de sus objetivos se destaca garantizar a los trabajadores un salario justo, preservar el medio ambiente, mejorar las condiciones de seguridad e higiene del lugar de trabajo, fomentar la igualdad de oportunidades para las mujeres y el rechazo a la explotación infantil.

A través del comercio justo, se promueve una relación comercial voluntaria y justa entre productores y consumidores.

Existe el llamado Sello de Comercio Justo o Sello Fairtrade. Este sello, que encontramos impreso en un producto, nos garantiza que éste proviene de la actividad del comercio justo y se ha producido y comercializado siguiendo los criterios internacionales de Comercio Justo establecidos por Fairtrade Labelling Organzitions (FLO) International.

Además existe la WFTO, Organización Mundial del Comercio Justo, creada en 1989 y que actualmente, cuenta con más de 350 miembros de 70 países. Su misión es permitir a los productores mejorar sus medios de vida y los de sus comunidades a través del Comercio Justo.

A pesar de todo este movimiento implementado hace más de veinte años, en los tiempos de hoy podemos decir que la esclavitud no ha acabado, pese a que muchas voces indiquen lo contrario. Existen muchos empleados, y lo peor es que la mayoría son niños, de zonas muy carentes de recursos de todo tipo que están siendo explotados trabajando gran cantidad de horas por una remuneración mínima y por supuesto, esto nada tiene que ver con lo justo.

Es a partir de estas situaciones que se replican no solo en nuestra región sino en todo el mundo, que el movimiento denominado comercio justo, se pone en marcha, a través de comercios que venden productos certificados por el sello Fairtrade.

En este tipo de establecimientos garantizan que ningún obrero ni trabajador ha sido explotado durante el proceso de elaboración de los productos que en dicho comercio se venden y que ha sido pagado con un sueldo digno acorde al trabajo realizado. Pero como es sabido, pocos comercios pueden enarbolar la bandera del comercio justo.

En este tipo de comercios hay gran variedad de productos a la venta, entre ellos cabe destacar los productos alimenticios como el café de Colombia, donde se garantiza esa denominación de origen y con un precio accesible. Además de alimento también se encuentran artesanías realizadas a mano, prendas de vestir, bebidas alcohólicas regionales y muchos otros productos de muy buena calidad.

Sin embargo existen muchas críticas sobre el comercio justo. Algunos creen que este sistema no es suficientemente radical y que no es una forma eficiente de obtener dinero para los productores pobres. También se escuchan críticas sobre la certificación, producción y sistema y distorsión de precios.

Estoy de acuerdo con darle espacio a las voces disidentes, todos podemos opinar según nuestros principios y convicciones, en mi caso, muy alejada estoy de estas críticas ya que creo que el comercio justo es una buena manera de contribuir con un granito de arena para conseguir un mundo –por lo menos en el ámbito comercial- más justo, y en el que la riqueza se distribuya empezando desde la base del proceso productivo.

Hay que ser más justos y tomar buenas decisiones a la hora de comprar. El comercio justo no es simplemente un intercambio de bienes, es mucho más que eso: nos demuestra que es posible una mayor justicia en el comercio mundial y acentúa la necesidad de un cambio en las reglas y prácticas del comercio convencional, demostrando cómo un negocio exitoso puede también dar prioridad a la gente.


Por Alicia Parente, investigadora de asuntos de comercio justo en América Latina y España.

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