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INDIA: EL CAMINO HACIA LA COOPERACION SUR-SUR

En el sur de Asia, India muestra un sorprendente desempeño económico.

Antonio López Crespo | 07 Julio del 2017
India

Autor imagen: Foto cortesía

En las últimas décadas, con 15 años sostenidos de expansión extraordinaria, el crecimiento vertiginoso parecía ser la característica distintiva de la economía china. Pero en los últimos años, ha sido India la que sorprendió con impresionantes indicadores de crecimiento: (7,6% 2015 y 7,1% 2016) frente a cierto freno de la expansión de China (6,9% 2015 y 6,7% 2016), la más baja de ese país desde 1990. Mucho se ha hablado y con razón, del milagro económico chino y de su inevitable hegemonía. Pero en el sur de Asia, India muestra un sorprendente desempeño económico.

 

Sin embargo, como acertadamente constata Wallerstein en un reciente artículo, de todas las grandes potencias del mundo contemporáneo, India es la que recibe menor atención. Potencia nuclear con una de las fuerzas armadas más grandes del mundo; miembro del G-20 (lo que certifica se carácter de gran potencia) y uno de los cinco integrantes del emergente Brics, de modo inexplicable no ocupa el foco de atención que se merece, como puede verificarse con la mayoría de los análisis geopolíticos.

 

La mega-economía india, con sus 1.332 millones de habitantes (Indiastat, jun. 2017), es la democracia más numerosa del planeta. Y con una de las poblaciones más jóvenes: la mitad tiene menos de 25 años. Para el 2040, su población habrá superado los 1.650 millones. Un informe reciente de la consultora internacional PwC señala que PIB indio crecerá en el período 2017-2050 a un espectacular promedio anual de 4,9%, lo que implicaría que el país pasara del actual 7% de la economía mundial, a significar el 15% en 2050.

 

Junto con China alberga casi un tercio de la población mundial y en los últimos años, ha logrado cambiar la vida de cientos de millones de sus habitantes, que han experimentado notables mejorías en sus niveles de vida. Aunque todavía tiene un largo camino por recorrer antes de igualar el tamaño de la economía china, ocupa un lugar relevante entre las economías más grandes de la Tierra. Según estimaciones recientes del FMI, medido por poder adquisitivo (la única manera de hacer comparaciones y homogeneizar la información), su PBI lo sitúa como 4a economía mundial  (China 23 billones; UE 21 billones; EEUU 19 billones; India 9,4 billones). Y medida en términos nominales, su economía tiene el tamaño de Rusia o Brasil. Lo cierto es que las dos economías asiáticas en desarrollo están creciendo tres veces más rápido que los países industrializados y son consideradas los nuevos polos del crecimiento mundial.

 

El informe de PwC (antes PriceWaterhouseCoopers), consultora reconocida como una de las Big Four, junto con Deloitte, KPMG y EY, va más lejos: sostiene que EEUU no ocupará siquiera ese lugar entre las economías más grandes, ya que sería superado por la India en cuestión de dos décadas, teniendo en cuenta la diferencia en el poder de compra entre los países,

 

Cómo es posible que una nación como India, asociada a dramáticos niveles de pobreza, pueda superar – según una de las consultoras más prestigiosas del mundo– el poder económico agregado de EEUU antes del 2040? Para PwC, la respuesta está asociada, en parte, al enorme crecimiento demográfico de la India: unos 350 millones más de habitantes, lo que supone incorporar una cifra similar al total de la actual población de los Estados Unidos. Ese incremento significará la consolidación de un formidable mercado de consumidores que inevitablemente llevará a un incremento de su economía.

 

Pero sólo una séptima parte de ese incremento (0,7% sobre 4,9%) estará signado por la expansión demográfica, mientras que el aumento en la productividad debido al cambio tecnológico será uno de los factores más decisivos junto con el dinámico crecimiento de sus clases medias. Como señala Sanjay Kuksal, presidente de Synergy Softwares Ltd., una empresa informática de Nueva Delhi: “En las últimas dos décadas, los indios de clase media hemos experimentado un boom… nuestros ingresos y nuestras oportunidades han mejorado”Según un estudio sobre el aumento del mercado de consumo indio realizado por McKinsey, ese segmento de la población representaba en 2005 apenas un 5% de la población (50 millones) mientras en 2025 significará unos 583 millones (41%).

 

El poder adquisitivo de las clases medias indias se ha disparado y esa explosión atrae el interés de las grandes corporaciones. Sólo en el período 2015-2016, numerosas compañías extranjeras han invertido por valor de 4.600 millones de dólares en bienes de consumo, en especial en los sectores farmacéutico, automovilístico, de telecomunicaciones y también en el  agroalimentario.

 

De continuar la economía india su actual ritmo de crecimiento,  los ingresos disponibles promedio de los hogares serán el triple de los actuales en 2025. El proceso está generando cambios en los hábitos de consumo: cada vez es menor el porcentaje de los gastos en artículos de primera necesidad y cada vez mayor en bienes suntuarios. Ese mayor crecimiento de las clases medias indias y el incremento de sus ingresos representa una oportunidad para establecer desde Iberoamérica, mayores vínculos con la India.

 

Es lo que sugería fuertemente CEPAL a los países de la región, ya en 2012 y que reiteró en un Informe de diciembre de 2016 (“Fortaleciendo la relación entre la India y América Latina y el Caribe”), donde llama a profundizar esa relación económica entre ambos: “Tras los últimos acontecimientos económicos internacionales, la India y los países de América Latina y el Caribe deben repensar alianzas estratégicas, tanto a nivel mundial como regional. Es necesario que logren reposicionarse en la economía mundial y reconozcan la creciente importancia de las relaciones Sur-Sur (en áreas como el comercio, la inversión extranjera directa y las finanzas), mejorando la cooperación en materia de innovación y capital humano a fin de diversificar el comercio, agregar mayor valor y aplicar nuevos conocimientos a las exportaciones, ayudando así a crear condiciones más estables para el crecimiento”.

 

La realidad muestra que no sólo existe un vasto campo de sectores para el crecimiento del intercambio comercial sino espacios dinámicos para la inversión extranjera directa y la cooperación internacional. Si bien es cierto que, en los últimos años, los vínculos económicos han mostrado un constante incremento, con picos del 140% (2009 y 2014) y que la tendencia muestra continuidad, falta un impulso para elevar la relación conjunta a un nivel mucho mayor.

 

Tanto la India como los países de América Latina y el Caribe son países “en desarrollo”, que ofrecen grandes oportunidades de inversión para las empresas que quieran expandirse en ellos. Ambas áreas económicas son emergentes y dinámicas y han mostrado tasas de crecimiento económico en general superiores a las de los países “desarrollados”. Y en el caso particular de América Latina, la región ha mostrado consistencia, tras el impacto del derrumbe financiero global del 2008, del que salió más rápido que las economías desarrolladas.

 

La situación comporta, por tanto, una extraordinaria oportunidad. La resiliencia mostrada por América Latina durante la crisis y el sólido crecimiento de la economía india son las bases sobre las que asentar el reforzamiento de los vínculos entre las propias economías emergentes y en desarrollo y el incremento  del comercio, las inversiones y la cooperación Sur-Sur.

 

Es cierto que ambas regiones mantienen significativas diferencias históricas, geográficas y culturales, pero también importantes coincidencias en su visión del actual contexto global. Después de un predominio en ambas economías en un enfoque proteccionista con alta intervención del Estado, de manera creciente se manifiesta una tendencia a la apertura económica y a la valoración estratégica del comercio internacional, cambio de orientación política que permite reconocer que las relaciones más abiertas con otros países, constituyen herramientas para alcanzar las metas de desarrollo a largo plazo.

 

Las reformas de India comenzaron en la década del noventa, de forma paralela al inicio de un nuevo ciclo económico en América Latina; reformas que se profundizaron en los primeros años del nuevo siglo  tanto en India como en algunos países de nuestra región, mientras una parte de Sudamérica iniciaba una anacrónica aventura populista. Una de las coincidencias se manifestó en la estrategia de inserción, con la profundización de las relaciones con Asia Pacífico, en particular con China, lo que permitió limitar los efectos nocivos de la crisis de las economías más desarrolladas. Tras una aguda crisis de balanza de pagos, en 1991, la economía india se orientó al mercado y puso énfasis en hacer del comercio exterior y de la inversión extranjera un sector primordial de la economía y en 1995, se hizo integró a la OMC.

 

El impacto de esas reformas económicas en la India (que explican en parte, el ascenso del país como actor global) provocaron una modificación estructural de su economía, que ahora pasado a un modelo donde la manufactura y los servicios ocuparon de manera progresiva, un mayor peso relativo, con la consiguiente incremento del valor agregado. India hoy posee no sólo una industria diversificada sino sectores de gran fortaleza como el farmacéutico, el petroquímico, el automotriz, el textil, etc.

 

En relación al sector servicios, India muestra un desarrollo impresionan en áreas como telecomunicaciones, tecnologías de la información, sector financiero y tercerización de servicios. En todas esas áreas se destaca el aporte de servicios de ingeniería, resultado del énfasis que India ha puesto en la educación tecnológica, con el fin de generar el desarrollo endógeno sobre la base de más y mejor conocimiento. La creación y subsidio de excelentes Universidades e Institutos Tecnológicos ha permitido que en el país egresen 350.000 ingenieros por año (contra 70.000 en EEUU). Ello ha generado que casi todas las empresas transnacionales se hayan trasladado a la India para desarrollar programática computacional, investigación científica y desarrollo tecnológico o proporcionar soporte técnico de manera remota y dar atención de jornada completa a los consumidores.

 

El otro segmento exitoso de los servicios está vinculado al turismo. Apoyado en su riqueza y diversidad cultural y en el interés que despiertan sus principales ciudades (Nueva Delhi, Calcuta, Bombay) y sus templos y palacios antiguos, es uno de los destinos turísticos más atractivos de Asia y lidera las visitas a la subregión de Asia Meridional con más de 9 millones de turistas anuales. En 2016, el sector se expandió un 11% y sus ingresos un 15% con relación al 2015, siguiendo una sostenida tendencia creciente.

 

Además la economía india participa hoy, no solo como exportadora de bienes finales, sino que se integra de manera creciente en diversas cadenas de valor globales. Algo que empieza a consolidarse tibiamente en América Latina. Es cierto que países como Argentina, Brasil, Colombia, Costa Rica y sobre todo, México, se unieron a cadenas de suministro mundiales, pero en realidad son muy pocos los países de la región que están aprovechando las ventajas que ofrece la incorporación a cadenas globales de valor, como son las transferencias de conocimiento y tecnología que los fabricantes suelen compartir con proveedores de países en desarrollo. Esa integración ha sido a impulsos de la IED, generando una dependencia excesiva de algunos mercados y de ciertos productos, fundamentalmente commodities. Por ello, el crecimiento de la región depende, sobre todo, de diseñar estrategias para incorporar cada vez más valor a los procesos productivos, incrementar las competencias tecnológicas, y diversificar mercados y productos.

 

De allí, la importancia de fortalecer –como sugiere CEPAL– los vínculos con una mega-economía como la de India y profundizar las relaciones comerciales y de inversión en busca de una estrategia de cooperación, coordinada e institucionalizada entre los países de la región y quien constituirá una de las locomotoras del desarrollo mundial en las primeras décadas del siglo XXI. En ese diagnóstico coinciden la mayoría de las proyecciones económicas internacionales que aseveran el importante rol que jugará India, junto a China, en la economía global de los próximos veinte años.

 

La última frontera

 

América Latina mientras tanto, debe morigerar la dependencia de las compras de bienes primarios que realiza China, para evitar un proceso que, de acuerdo a algunos analistas, refuerza cierta reprimarización de las exportaciones latinoamericanas. Ello impone adelantarse a los cambios con políticas de crecimiento de la región basadas en una mirada más estratégica de su inserción internacional, que permita identificar nuevos mercados y socios y abrir nuevas  oportunidades comerciales en sectores donde América Latina posee ventajas competitivas.

 

En ese terreno, las relaciones entre India y América Latina tienen un enorme potencial básicamente por dos razones: India representa todavía una parte reducida del comercio mundial sobre todo, si tomamos en cuenta la dimensión de su población, y nuestra región mantiene aún un bajísimo intercambio  comercial con aquel país. El desafío será generar una nueva relación “inteligente”, tanto con India como con China que permita, progresivamente, incorporar al perfil de proveedores de materias primas, otros intercambios y articulaciones que favorezcan el mutuo desarrollo.

 

Así parecen entenderlo tanto responsables políticos de la India como importantes empresarios. Para Alwyn Didar Singh, ex funcionario de gobierno y actual Secretario General de la  Federación India de Cámaras de Comercio e Industria (FICCI), “América latina es la última frontera de las empresas indias”. Su objetivo es desembarcar en un mercado de más de 600 millones de consumidores, como en su momento lo hizo China.

 

Diversas son las causas por las cuales las relaciones entre América latina e India no se profundizaron hasta ahora. Algunas están vinculadas a problemas culturales (importantes diferencias religiosas y culturales, falta de conocimiento histórico, carencia de una historia de intercambio comercial, político y empresarial); geográficas (hasta la globalización, la distancia era un factor negativo); ausencia de una comunidad india asentada en la región (como sí sucediera con las importantes migraciones japonesa o coreana en Brasil, Perú o Argentina e indias en el sudeste asiático, EEUU, Australia o África) y también que la posible complementariedad entre ambas regiones no fue reconocida por los decisores políticos.

 

Todo eso ha llevado a que, como señala el ex embajador indio Deepak Bhojwani, quien ha desempeñado un papel vital en el fortalecimiento de la relación entre la India y América Latina, donde ha servido durante más de una década (2000-2012): “América Latina es tal vez el continente que menos conocemos en la India”. Bhojwani, un experto en temas latinoamericanos, embajador de su país en Colombia, Venezuela Ecuador, Costa Rica, República Dominicana y Cuba y Cónsul General en São Paulo (Brasil) es autor de “América Latina, el Caribe y la India: Promesa y Desafío”, un libro publicado por Pentagon Press en India en febrero de 2015, patrocinado por el Consejo Indio de Asuntos Mundiales.

 

Allí presenta una serie de ideas de enorme trascendencia destinadas a favorecer las actuales oportunidades que la relación plantea y analizar el panorama de los desafíos a sortear.  Lo enmarca –como creemos apropiado– en el contexto de la cooperación Sur-Sur (“subtitula su trabajo: “Del Sur al Mundo en 2030, seguridad alimentaria global y bioenergía”). Y a la vez, revela algunas de las percepciones equivocadas que existen sobre la India desde nuestra región, por ejemplo respecto de la real dimensión geográfica de los países. “En el contexto latinoamericano la India es mucho más pequeña de lo que se piensa. Si vemos un mapa, pareciera que India tiene el tamaño de Brasil, sin embargo Brasil es 2,6 veces más grande que la India, Chile es una tercera parte del territorio de la India, Argentina tiene casi el mismo tamaño. Entonces se nota que esta región ha estado rezagada, no solo en las universidades indias, sino también en los mapas y esto es algo que debemos corregirlo para conocernos mejor”.

 

Otro de los mitos que ataca el diplomático indio es en relación a la distancia que separa la India de nuestra región: “China queda mucho más lejos que la India. Sin embargo ha conseguido acercarse gracias a su desempeño económico, además de sus esfuerzos. En los últimos diez años ha podido conectarse mucho mejor con América del Sur y Centroamérica que la India”.

 

Otra de las percepciones erróneas se refiere al crecimiento económico indio. En muchos círculos productivos y empresariales de la región se tiene cierto desconocimiento del impresionante incremento de India que desde 2011 supera anualmente el 7%. Pero quizás se ignore aún más, el aumento del comercio exterior de India que hoy representa el 40% del PIB y constituye una de las razones que impulsa a sus empresarios a involucrarse en nuevos mercados. Y explica además, la conciencia de que “las oportunidades en el mundo han ido creciendo y, por lo tanto, en América Latina también”.

 

Finalmente, existe una percepción falsa de cierta inmovilidad en el intercambio entre India y América Latina, sobre todo frente a la expansión del comercio con China. Sin embargo, el intercambio comercial ha crecido significativamente desde principios de siglo XXI: en el año 2000 era tan sólo de  u$s 1.600 millones, y en el 2014 superaba los u$s 49.000 millones, con inversiones transfronterizas totales de unos u$s 23.000 millones. La mayor parte de las inversiones entre la India y América Latina se han dado a través de fusiones y proyectos conjuntos, en vez de inversiones nuevas, especialmente en el sector automotriz, energético y farmacéutico. Pero, como señalara Alicia Bárcena, la secretaria ejecutiva de CEPAL, en el VII° Cónclave India-América Latina y Caribe realizado en noviembre de 2016 en Guadalajara (Jalisco, México) esos vínculos económicos se han acrecentado, sobre todo, por el crecimiento del comercio que entre 2009-2014 alcanzó un 140%. Y tienen el horizonte de una población combinada que, entre ambos, casi alcanza los 2.000 millones de habitantes.

 

India además no sólo significa un mercado gigantesco que tiene el inglés como idioma de los negocios, lo que facilita la comunicación e integración cultural, sino que posee una clase media de más de 500 millones y en rápido aumento, lo que hace prever un aumento del consumo doméstico que se estima que se cuadruplicará en 2025. Por otra parte es una excelente plataforma hacia otros mercados cercanos como el área de su periferia y el sudeste asiático.

 

La relación ha fortalecido especialmente en economías como México y Brasil y con países como Argentina, Chile, Perú y se acrecienta rápidamente. Aunque hasta ahora, los vínculos de la India con América Latina se operan a través de relaciones bilaterales, también se avanza en el vínculo con los diversos bloques regionales. India tiene acuerdos de comercio con Mercosur y con Chile, y negocia uno similar con Perú. Y en los últimos años evolucionan más allá de los intercambios transaccionales,

 

Los principales sectores de la interacción entre India y América Latina y el Caribe, son los de tecnología informática, energía, farmacéutica, automóviles y agronegocios. Para el Director Subregional de la CEPAL, Hugo Beteta, los mercados de la India y América Latina y el Caribe son, en cierta manera, complementarios en la provisión de servicios empresariales y de conocimiento a distancia, en productos manufacturados y químicos, en energía renovable, en industria automotriz y aeroespacial y en alianzas estratégicas en manufactura.

 

Pero deben también comprenderse los desafíos que la relación plantea. Ambos soportan altísimos niveles de pobreza e indigencia: América Latina con 250 millones de personas en esa condición e India con más de 700 millones de personas que viven menos de 2 dólares diarios y deben afrontar cotidianamente la lucha contra esa pobreza. Otra de las dificultades que plantea el desarrollo de mayores intercambios es que ambas regiones son gigantescos productores de agroalimentos y, por tanto, competidores en varios sectores estratégicos y en diversos mercados.

 

Las principales exportaciones de la India son artículos manufacturados entre los que se encuentran los diamantes, diversos productos textiles y el acero. En el sector de maquinaria y equipos, sus principales productos de exportación son los motores para vehículos de transportes y otras partes de la industria automotriz. India también se destaca por sus exportaciones de piedras y metales preciosos, así como de medicamentos dentro del sector químico y de productos alimentarios como la leche (primer productor mundial), arroz, remolacha, trigo, cacahuetes y determinados vegetales frescos (segundo mayor productor de todos ellos), café, algodón, soja, carne de vacuno y té.


Es además el quinto productor mundial de cultivos para biocombustibles. La UE es un importante comprador de productos agrícolas indios con la ventaja de que el 97% de las importaciones indias entran en la UE sin tener que pagar ningún arancel o pagando tasas aduaneras inferiores al 30%.

 

En cuanto a su canasta importadora, India también ha tenido grandes cambios en las últimas décadas, ya que debido a su desarrollo y la producción de bienes con mayor valor agregado, ha tenido que incrementar sus importaciones de bienes primarios, en especial, petróleo crudo, gas natural y cobre, que adquiere en países como Arabia Saudita, Qatar y Emiratos Árabes Unidos, Venezuela y Chile (cobre). También ha aumentado sus importaciones de manufacturas y bienes con mayor valor agregado, sobre todo equipos de telecomunicaciones y sus componentes.  

 

Por otra parte, la India si bien ha diversificado sus relaciones comerciales, todavía un 50% de su comercio se concentra en Asia, sobre todo en los países del occidente asiático, en especial en Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita. La UE sigue siendo el principal destino de sus exportaciones (17%), seguido por EEUU (15%), pero China y Singapur han incrementado su importancia como destino de las exportaciones de India, en detrimento de otros países, como Reino Unido, Alemania y Japón. Mientras que América Latina y el Caribe constituyen la región con la menor proporción de exportaciones e importaciones de la India, lo que refleja la política comercial de ese país hasta el momento.

 

Otro tanto sucede si analizamos la participación de la India en IED mundial. En 2008, la India alcanzó un récord de inversión extranjera directa en el exterior, con u$s 21.142 millones. Los anuncios de inversiones indias exterior (según la base de datos Di Markets) muestran que en período 2006-2015 rondó unos u$s 20.000 millones anuales, cuyos extremos fueron el 2014 con u$s 13.389 millones (menor nivel) y el 2008 con u$s 27.403 millones (mayor nivel). La mayoría de esas inversiones tienen como destino otros países asiáticos (49% del total), África ocupa el segundo lugar con 19% del total, Europa es receptora de un 15%, mientras que la región de América Latina y el Caribe apenas alcanza al 4%.

 

Con acierto, el Cónclave de Guadalajara señaló los grandes interrogantes que deben contestarse India y América Latina, para seguir avanzando en sus actuales relaciones. Es necesario revisar qué medidas podrían impulsar el comercio y la inversión y cómo trabajar de forma más estrecha con la Alianza del Pacífico y el Mercosur. Por otro lado, enfrentar el problema de las altas tarifas aduaneras, un gran desafío para el establecimiento de relaciones comerciales, si se pretende expandirlas.

 

Otro de los interrogantes que plantea la relación es cómo avanzar en nuevas áreas de colaboración. Unas relaciones comerciales más estrechas deberían posibilitar, a su vez, mayor cooperación entre América Latina e India, destinada a abarcar no sólo cuestiones económico-comerciales, sino también políticas y culturales de alcance global, que reforzarían a la vez, los lazos comerciales.

 

Es cierto que India representa una importante oportunidad para América Latina, pero deben encontrarse los caminos para que sea propicia. Mauricio Mesquita Moreira, asesor principal de Integración y Comercio del BID, advierte que la oportunidad está en enfocarse en el sector donde India se desarrollará de forma más marcada: comercio e inversión en bienes y servicios: “Si nos guiamos por la teoría del comercio, parece haber un gran potencial para el intercambio comercial entre ALC e India…: India es, mírese como se mire, un país relativamente escaso en recursos naturales y abundante en mano de obra, mientras que la mayor parte de ALC es lo contrario.”

 

España, la gran vía

 

Si ampliamos el foco al contexto iberoamericano, surgen nuevos desafíos y oportunidades. Las relaciones bilaterales India-España se han incrementado de forma notable a partir del 2009, en buena medida gracias a la iniciativa de las empresas españolas urgidas por la crisis. En la actualidad, son unas 200, las corporaciones españolas presentes en la India y unas 40 empresas indias operan en España. El comercio de España con India se ha duplicado en la última década, mientras que sólo en el periódico 2013-2016 las importaciones han crecido un 40% y las exportaciones un 12%. Con 6214 empresas españolas que exportaron a India en 2016, Gay de Montellà, vicepresidente de la CEOE, destaca la estrecha relación económica y empresarial que se ha generado entre ambos países: “De hecho, “India se ha

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