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La vida es un eterno comerciar

Cristóbal Pacheco Vélez | 13 Septiembre del 2012

Pensar en un país sin comercio exterior hoy en día suena hasta irrisorio y más si hablamos de desarrollo. Actualmente cuesta mucho pensar que un país pueda desarrollarse a puertas cerradas. Es una cuestión casi básica del comercio internacional: se requiere importar bienes de capital, servicios, tecnologías, entre otros, para poder desarrollar el proceso de crecimiento de un país. ¿Y cómo se adquieren esos bienes? Exportando otros bienes y servicios que ese país posea una ventaja comparativa en su producción.

En ese sentido, abrir las puertas al mundo es hoy una cuestión casi inevitable y necesaria, principalmente para los países en vías de desarrollo.

Sabemos que el comercio exterior es importante como motor de crecimiento. Asimismo está demostrado que el creciente comercio internacional de una nación atrae mayores inversiones del exterior.

Sin embargo, muchas veces es arduo el camino que tienen que recorrer los países para alcanzar el desarrollo económico sostenido y ocurre que a los obstáculos propios de algunos países en desarrollo, se suman los de las naciones desarrolladas.

Es así como el comercio internacional no favorece a todos los países de la misma manera, ya que obviamente no todos los países poseen los mismos recursos, ni igual nivel productivo o tecnologías. De esta manera se intercambian materias primas por productos manufacturados.

En vista de lo expuesto, ¿es beneficioso abrir los mercados? Claro que lo es, los mercados abiertos ayudan a los países a utilizar sus recursos eficientemente, concentrando su producción donde es más competitiva. Siempre los mercados abiertos funcionan mejor.

Una parte importante de los beneficios del comercio proviene de la propia liberalización de un país. Y los beneficios se incrementan aún más cuando se mejora también el acceso a otros mercados en el contexto de negociaciones comerciales multilaterales.

Del otro lado de la moneda tenemos el proteccionismo, traducido en barreras comerciales: suba de aranceles, prohibiciones a las importaciones, entre muchas otras, que, a pesar de todo, están contempladas en las normas de la OMC. Sin embargo, se vuelven muy dañinas para las economías que las aplican y para quien las recibe.

Por su parte, los gobiernos tienen un rol importante que desempeñar, como crear la estructura de políticas adecuada, ayudar a los que necesitan adaptarse y proporcionar las condiciones de normatividad adecuada.

En definitiva, el comercio internacional es muy importante porque ayuda a incrementar y mejorar la capacidad productiva de un país. También facilita el acceso a la tecnología, los productos y servicios, y da mayores opciones a costos más bajos. Sin embargo no hay que olvidar que los mercados abiertos requieren inversiones en infraestructura, recursos humanos y políticas comerciales para que resulten eficientes.

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