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Perspectivas de la integración económica latinoamericana

Luis Luna Osorio | 16 Julio del 2015

AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE.- La región cubre la mayor parte del continente americano.  Comprende todos sus países, excepto Estados Unidos y Canadá. Tiene poco más de 20 millones de kms2., y supera los 550 millones de habitantes. Registra grandes distancias internas e insuficientes infraestructura y nexos para el transporte.

 

Para su desarrollo, sigue siendo muy dependiente de los países desarrollados, las empresas transnacionales y las normas internacionales, que aumentan cada día; sus países, excepto Brasil y México, que se considera emergentes, constan en la categoría de subdesarrollados, porque carecen de una moderna matriz productiva, recursos financieros propios, tecnología moderna, educación futurista, atención de la salud.

 

Desde 1960 ha perdido importancia en el mercado mundial, en el cual significaba el 10% de las exportaciones y ahora no llega al 4%. Ha mejorado la calidad y cantidad de su oferta exportable, básicamente primaria; pero, continúa dependiendo de Estados Unidos y Europa para sus ventas y su abastecimiento de maquinaria de tecnologías complejas; aunque China viene creciendo como una abastecedora importante.

 

Tiene una presencia prácticamente nula en los terrenos científico, académico, militar y financiero [2]_/

 

LA INTEGRACIÓN DE AMÉRICA LATINA.- Mucha gente visionaria ha propuesto integrar política, económica, social y culturalmente a la América Latina, desde que Simón Bolívar planteó, en la Carta de Jamaica, en 1815, la creación de los Estados Unidos del Sur. Hasta el presente año, esa gente no ha tenido éxito.

 

Las razones de esa falta de éxito son: la geografía continental, la ubicación poblacional, los problemas limítrofes y recelos entre países, la gran dependencia de terceros, la inestabilidad política, los problemas económicos nacionales, la falta de comunicación, la primacía de “lo mío” sobre “lo nuestro”

 

La situación de la política de Integración y de la integración misma es muy compleja en el año 2015. Se ensayan, sin mayores resultados reales, proyectos de integración subregional que abarcan diversos grupos de países, en algunos casos imbricados y hasta con orientaciones diferentes.

 

Entre esos esfuerzos están: Desde 1980, la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI) heredera de la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (ALALC - 1960), que fue reemplazada porque no satisfacía la expectativa de sus Partes Contratantes. En 35 años de existencia, la ALADI tampoco ha satisfecho las aspiraciones regionales.

 

El Mercado Común Centroamericano (1960), gracias a reformas internas y acuerdos comerciales con la actual Unión Europea (UE) y otras regiones, y por las preferencias arancelarias de Estados Unidos (1991), recién empezó a rendir frutos desde 1993.

 

El Grupo Andino, creado en 1969 por el Acuerdo de Cartagena, tuvo un arranque excelente durante 10 años y luego perdió vigor; fue sustituido en 1996 por la Comunidad Andina de Naciones (CAN), tan mal, que está poco menos que paralizado, sobre todo desde el 2006, cuando quedó con dos países que buscan la apertura al mundo y dos que quieren  desarrollo endógeno, en claras posiciones ideológicamente opuestas y que no permiten acuerdos importantes.

 

El Mercado Común del Sur, creado en 1991, ha tenido vicisitudes iguales o mayores que las de la Comunidad Andina y aunque registra acciones integradoras, tampoco ha cumplido sus objetivos. El ingreso de Venezuela en 2012 ha complicado su accionar.

 

La Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA - 2004), promovida por los presidentes de Cuba y Venezuela, con mucha carga ideológica, tuvo cierta importancia política, pero no económica, mientras vivía Hugo Chávez y era Presidente de Cuba Fidel Castro. Desde el 2015 le afectan las nuevas relaciones Estados Unidos – Cuba.

 

La Unión de Naciones de América del Sur (UNASUR - 2004), por ahora es una organización política con algunas aspiraciones en el campo económico y podría ser la llamada a ser la organización única de integración de América del Sur.

 

La Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC - 2010), mecanismo intergubernamental de diálogo y concertación política regional, por primera vez reúne de forma permanente a treinta y tres países, por algunos intereses comunes, pero no por visiones iguales de la política, de la economía o del desarrollo.

 

Finalmente, la Alianza del Pacífico (2011), formada por Chile, Colombia, México y Perú, no tiene todavía una estructura legal internacional, pero ha permitido a esos países  llegar a algunos acuerdos importantes para ir conjuntamente al mercado mundial.

 

Lo raro de esta cascada de proyectos de integración, es que son los presidentes de los países, responsables de las políticas exteriores de los gobiernos, los que suscriben e impulsan en teoría toda esta clase de acuerdos, desperdiciando esfuerzos que apuntan a distintas direcciones, cuando deberían decidirse por uno o dos importantes (eventualmente CELAC y UNASUR) y cerrar los que no cumplieron con sus objetivos.

 

FUERZAS EXÓGENAS.- La integración latinoamericana soporta la acción de varias fuerzas exógenas. Entre ellas están: la influencia en la región de Estados Unidos y la Unión Europea, por ser los principales socios de los latinoamericanos en los campos político y económico e incluso cultural; el acelerado desarrollo de los tigres asiáticos de los 70-80, hasta ahora muy importante; el violento despertar de China desde la década anterior; la permanente orientación de la inversión extranjera directa de los países desarrollados hacia otros iguales y hacia China, que deja poco campo a la inversión en otras partes; el imparable desarrollo tecnológico mundial, que acrecienta la brecha entre América Latina y el mundo desarrollado; el poder político y económico de las transnacionales, que incide sobre gobiernos y pueblos; el peso de las normas y organismos mundiales, que condicionan lo que todos los países desean hacer, pero sobre todo los menos desarrollados, cada vez en más aspectos.

 

Una fuerza determinante en el año 2015, es la situación económica mundial. Estados Unidos apenas crecerá al 3%, la Unión Europea no llegará al 1,5% y Japón no pasará del 1,0%. Y si ellos son los motores de la economía mundial, por cierto que habrá lento crecimiento en todas partes y en especial en América Latina. También es decepcionante el crecimiento de los BRICS, pero en especial, la desaceleración de  China, que creció varias décadas  por sobre el 10% y ahora lo hará al 7,3%. Hay además graves conflictos bélicos que amenazan la paz y afectan el comercio mundial; es notoria y preocupante la baja de los precios de los commodities, que no cambiará su dirección en el corto plazo; la poca expansión del comercio de mercancías, que en 2013 fue de 18,3 billones de dólares; y, la muy escasa participación de América del Sur y Central en ese comercio, de solamente el 4%.

 

LA COYUNTURA MUNDIAL Y AMÉRICA LATINA.- Los impactos más visibles de esa coyuntura en la Región, son los siguientes: el crecimiento se desacelera, pues la región creció en promedio al 4,8% entre 2003 - 2007 y solo al 4,1% entre 2010 – 2013; lo que es peor, la región seguirá siendo la de menor dinamismo en el mundo durante 2014 – 2019; las exportaciones caen y lo harán más en el 2015 y 2016 por la baja en el precio del petróleo; hay una creciente vulnerabilidad externa, por el deterioro de los saldos en cuenta corriente de la balanza de pagos regional; se cierra un ciclo internacional muy favorable para el subcontinente, particularmente para América del Sur.

 

LA VISIÓN DE AMÉRICA LATINA 2015.- Registra varios aspectos negativos y pocos positivos: políticas de desarrollo nacional opuestas entre grupos de países, unos buscando la apertura hacia el mercado mundial y otros prefiriendo el desarrollo endógeno; la rápida pérdida de vigor en el crecimiento, especialmente de Brasil, que tiene gran peso específico en la región; las críticas situaciones políticas y económicas de Argentina, Venezuela y Ecuador; la mayor y fuerte dependencia y vulnerabilidad regional con respecto al mundo; la reducción de los flujos de inversión extranjera directa; la tradicional dependencia de pocos productos primarios y pocos demandantes para la obtención de divisas; la reducción de exportaciones y la que ya se ha mencionado, poca participación en el comercio mundial; el poco aporte al conocimiento mundial, una vez que solo el 2,5% de las patentes que se solicita provienen de esta región; el avance muy publicitado de la integración formal, pero el escaso avance en la integración real. Entre los aspectos positivos, el crecimiento del comercio intrarregional (en la ALADI pasó de 43.556 millones de dólares en 1993 a 170.376 millones en 2013) casi cuadruplicándose; en la orientación de más del 50% de las exportaciones de manufacturas latinoamericanas hacia la misma región; la posibilidad de una mayor diversificación exportadora en productos y destinos.

 

OBJETIVOS DE LA INTEGRACIÓN.- Sobre la base de esa realidad, es necesario preguntarse: cuáles deben ser los objetivos de la integración futura de América Latina? Y como no me es posible definirlos sin un análisis profundo y detallado, conviene formular algunas preguntas a los estudiosos:

 

Objetivos políticos: Integrarse hacia dentro o para buscar una mayor presencia internacional? Mi criterio es que hay que unirse para insertarse al mundo.

 

Objetivos económicos: Consolidar la participación en el mercado con los productos primarios que se exporta y lograr alguna mejora tecnológica en ellos o cambiar la matriz productiva, mediante un desarrollo tecnológico acelerado y la producción de bienes de capital y servicios modernos? Opino que se necesita una labor secuencial. Empezar por lo primero, pero desde ya trabajar en lo segundo.

 

Objetivos sociales: En lo internacional: reducir las asimetrías existentes entre los países, mediante regímenes especiales efectivos que permitan a los países de menor desarrollo económico relativo recibir pronto los beneficios de la integración y cumplir más tarde las obligaciones; o, generar derechos y obligaciones iguales para todos? Lo primero es lo que se necesita. Si no lo hay, no puede hacerse integración. En lo interno de cada país: repartir la escasa riqueza existente entre la población o crear más riqueza y aplicar medidas efectivas directas e indirectas de redistribución del ingreso, reduciendo la actividad empresarial estatal y aumentando la privada? Lo recomendable es lo segundo y para ello el desarrollo con integración es fundamental.

 

Objetivos de relaciones internacionales: Proclamar la independencia política y económica de los imperialismos anteriores o nacientes y ejercer una soberanía muy difícil de lograr; o, practicar una dependencia voluntaria, razonada y decreciente, sabiendo la posición tan débil que tiene América Latina en el mundo y logrando ventajas en las negociaciones, para fortalecerse y avanzar? Me arriesgo por lo segundo. Desde el punto de partida en el que se halla la región, hay que ser modesto, pero consciente de la necesidad de un cambio.

 

Para ir hacia los objetivos que se definan, los requisitos deben ser: inmediatamente, la definición de uno o dos procesos de integración continental y la planificación comunitaria del qué hacer para que la integración sea una realidad; dentro de ese plan deben constar: la educación masiva de la población, formándola para que actúe en el mundo globalizado; el desarrollo de las telecomunicaciones, la infraestructura regional y los servicios modernos, que son los ejes del desarrollo actual; la sustitución regional y selectiva de importaciones (integradora); la presencia conjunta ante terceros, sobre todo para la negociación de acuerdos de integración y de cooperación; la exportación diversificada sobre la base de clusters, que permitan definir productos núcleo y actividades periféricas generadoras de industrias y servicios complementarios.

 

Los resultados previsibles serán: el aumento de la capacidad de desarrollo autónomo e interdependencia regional y local de los países, la incursión exitosa en la economía del conocimiento mundial, que facilite la convergencia con los países desarrollados y la presencia debidamente regulada de la inversión extranjera y las empresas transnacionales; el cambio de la matriz productiva regional y de cada país; la generación de interdependencias con países y bloques sobre la base de intereses comunes de inversión, producción, comercio, desarrollo tecnológico, prestación de servicios; en fin, la mayor y mejor participación en el mercado mundial.

 

El mercado regional es clave para el futuro, porque es propicio para diversificar productos y destinos; mejorar el mercado para las manufacturas; impulsar la participación directa e indirecta de las PYMES en el mercado regional; generar empresas multilatinas; lograr un mercado cualitativamente superior; propiciar encadenamientos productivos nacionales e intrarregionales que, según la CEPAL, pueden lograrse en tres áreas industriales claves: productos químicos, entre ellos, los polímeros y copolímeros, componentes heterocíclicos, cosméticos, pulpa de madera;  agroindustria, frutas y nueces, semillas oleaginosas, manufacturas de cuero; y productos metálicos: manufacturas de metal, oro, plata y cobre, orfebrería.

 

MENSAJE FINAL.- Todos los países de la región necesitan desarrollarse rápidamente e integrarse, por lo que debe buscarse la integración de la Región por todos los medios posibles y en las áreas política, económica, social; la integración no es una panacea, es apenas una herramienta utilizable por los gobiernos con voluntad política de juntarse, pero es estratégica. Para lograr la integración, hay que empezar por lo fácil: más comercio y facilidades para aumentarlo y en los acuerdos a que se  llegue, considerar las asimetrías y dar tratamiento especial a los países de menor desarrollo económico relativo. Por supuesto, para más comercio se necesita más vías de comunicación.

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