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Un análisis objetivo respecto del comercio exterior argentino 2012

A casi un año de la aplicación de las medidas restrictivas

Néstor Pablo Aleksink | 13 Diciembre del 2012

En múltiples escritos y reportajes, he señalado a lo largo del año en curso, que el objetivo primordial del gobierno era, como de a lugar, mantener el superávit de la balanza comercial, como la gran meta de su política comercial externa. Para que se entienda, sin entrar en complejas definiciones, es mantener como objetivo de mínima algo que se viene logrando en los últimos años y que el país exporte (venda) más de lo que importe (compre), para, de este modo, ingresen más divisas que las que salen. Vale aclarar que el objetivo será logrado en 2012, pero analizaremos el modo y las consecuencias de las políticas implementadas para obtenerlo.

Y siguiendo con ésta lógica, para ello el gobierno dispone de dos herramientas: una de ellas que aumenten las exportaciones y la otra es que disminuyan las importaciones. Evidentemente, el gobierno tomó la segunda opción, ya que desde el año pasado y a lo largo del año en curso ha implementado medidas que tendieron a desalentar el proceso de importación, pero no ha generado acción alguna para promover las exportaciones.

Para concluir estos breves conceptos introductorios y abocarnos de lleno a un análisis más exhaustivo de los efectos generados por estas políticas, efectuaré una clasificación de los temas que tienen relación directa con esta estrategia y sus consecuencias reales directas, a saber:

1) Análisis de las medidas restrictivas al comercio

2) Impacto de las medidas en la balanza comercial

3) La realidad de los actores involucrados

4) Conclusiones finales

1) Análisis de las medidas restrictivas al comercio: Dentro de las políticas que un estado puede aplicar,  incluidas en el concepto del intercambio internacional de bienes y servicios, cuyo marco regulatorio se encuentra establecido en la Organización Mundial de Comercio - OMC  -  están aquellas relacionadas con la de generar determinadas acciones tendientes a proteger la industria local en situaciones económicas internas de emergencia que así lo exijan; Argentina desde hace años (2002) instauró la ley de emergencia económica (ley 23697), que es una herramienta que permite al Poder Ejecutivo renegociar contratos de servicios públicos, reordenar el sistema financiero, el bancario y el mercado de cambios, reactivar la economía, mejorar el nivel de empleo y la distribución de ingresos y crear las condiciones para la reestructuración de la deuda pública.

En ese marco se han establecido también medidas correctivas al comercio internacional orientadas fundamentalmente en dos ejes: la imposición de trabas a las importaciones y un estricto control de cambios.

En las primeras, se destaca claramente la imposición de las Declaraciones Juradas Anticipadas de importación (DJAI) que obliga al importador a obtener estas licencias previamente a efectuar el embarque de la mercadería, siendo autorizadas por la Secretaría de Industria y Comercio. La OMC establece en el Acuerdo sobre Procedimientos para el Trámite de Licencias de Importación se dice que estos sistemas deben ser sencillos, transparentes y previsibles para que no se conviertan en un obstáculo al comercio.

Por ejemplo, se exige a los gobiernos que publiquen información suficiente para que los comerciantes tengan conocimiento de cómo y por qué se otorgan las licencias. Se dispone también cómo deben notificar los países a la OMC el establecimiento de nuevos procedimientos para trámites de licencias de importación o la modificación de los ya existentes.

Por lo tanto, desde el punto de vista normativo el estado está en cierto modo “cubierto” por las razones para su aplicación, pero en un sentido práctico la aparición de las DJAI ha generado un sinnúmero de quejas de muchos países, entre las cuáles se destacan:

- Hay casi 700 productos que deben ser aprobados individualmente para su importación.

- Se conceden licencias no automáticas según una política de "nivelación del comercio", por la que el importador debía también exportar o invertir en la producción nacional.

- El plazo para la tramitación de una solicitud lleva bastante más de los 30 a 60 días previstos para las licencias no automáticas en el apartado f) del artículo 3.5 del Acuerdo OMC al respecto.

- La tramitación de las licencias es más engorrosa de lo necesario y plantea problemas en el marco de otros Acuerdos, como los relativos a los obstáculos técnicos al comercio, las medidas sanitarias y fitosanitarias, y la valoración en aduana.

- La Argentina, en su calidad de miembro del G-20, del que son miembros las principales economías que elevaron su protesta, no estaba respetando las declaraciones de ese grupo contra el aumento del proteccionismo.

No obstante, endilgarle a la Argentina un exclusivo protagonismo en la aplicación de medidas proteccionistas a nivel internacional suena como descabellado ya que incluso muchos de los países que elevaron su reclamos son los mismos que aplican medidas restrictivas al comercio en sus propios países, y se sabe que la vara para medir a los países no es la misma siendo notablemente más favorable para los más poderosos.

Pero volviendo tierras adentro las quejas reales de los actores involucrados (lease importadores) es que en definitiva, la aparición de las DJAI conlleva en algunos casos prácticamente la prohibición de importar determinados bienes, el destrato de los funcionarios para con los empresarios (que algunos casos llegaron a amenazas reales) y el insólito requerimiento de instaurar acuerdos firmados en la Secretaría para que las empresas importadoras generen en términos monetarios, exportaciones similares a los valores que se importan.

Los motivos para esta decisión son fundamentados en buscar un incremento de las ventas externas y un proceso de sustitución de importaciones. Aquellos que transitamos el comercio internacional desde hace décadas, sabemos que no es posible, en ambos casos, obtener resultados de la noche a la mañana, sino que su factibilidad está sin dudas relacionada a políticas de mediano/largo plazo inexistentes en nuestro país.

Indudablemente, no es posible estar en contra de querer establecer un crecimiento de nuestras ventas externas o que se favorezca la producción de bienes nacionales en contraposición de compra de bienes importados, pero para ello es necesario efectuar un análisis mucho más profundo y exhaustivo de los sectores productivos que se puedan incorporar en ambos casos, y no hacerlo de una manera compulsiva y desprolija cuyos resultados positivos son, como todos sabemos, prácticamente inexistentes.

Por lo tanto, la consecuencia real de la aplicación de estas medidas fue que las empresas importadoras tuviesen que salir a buscar otras empresas con saldos exportables, para “comprarles” localmente su negocio de exportación pagando por ello comisiones realmente altas, (al margen de los efectos de acumulación de crédito fiscal) para que de este modo demostrar su nivel de equilibrio entre importaciones/exportaciones, pero muy lejos de generar nuevos negocios de venta internacional ya que lo único que se generó en la realidad es el intercambio de la nominatividad de quién efectuaba la venta en un negocio que ya había sido establecido anteriormente.

En relación al denominado “cepo cambiario” lo que se buscaba lograr, y finalmente se obtuvo, era en cierto modo parar la sangría de divisas al exterior, empero claramente en algunos casos se ha excedido el marco normativo y las imposiciones cambiarias han establecido también notables inconvenientes dentro del relacionamiento de las empresas con el intercambio internacional.

Más otro efecto colateral de la necesidad de nutrirse de divisas, el estado ha establecido una disminución en el plazo de ingreso y liquidación de divisas para exportaciones, lo cual ha creado inconvenientes a las empresas exportadoras, que en algunos casos ya tenían desde hace tiempo un mecanismo aceitado de ventas al exterior y han debido modificar sus estrategias comerciales disminuyendo sus plazos de financiación a sus clientes con las consecuentes incomodidades que ello crea, incluso estableciendo la pérdida real del negocio o la disminución de su caudal.

2) Impacto de las medidas en la balanza comercial: El año 2011 marcó en términos estadísticos el mayor nivel de exportaciones logrado por nuestro país en su historia con una cifra cercana a los u$s 84.000 millones, y un superávit comercial de u$s 9.500 millones de la misma moneda. Este año, la tendencia de los guarismos marcará estos números aproximadamente:

Exportaciones: 80.000   -  importaciones: 68.500 = superávit aproximado 11.500 (en millones de u$s)

Haciendo una comparativa con el año anterior, como dato relevante positivo se remarca un incremento del superávit comercial, en un escenario de caída del nivel tanto de exportaciones como de importaciones. En el caso de las exportaciones, es dable remarcar que la disminución del monto exportado se debe fundamentalmente a menores cantidades exportadas a pesar de que en el año se dio un contexto de suba de precios, ya que al analizar el componente exportado se analizan tanto cantidades como precios, y en un ambiente de precios favorable la merma de divisas ingresadas se justifica por una caída importante en las cantidades exportadas.

No obstante, también debe formar parte de la conclusión que si bien el superávit ha crecido, las exportaciones han sufrido un leve retroceso respecto del año anterior. El año anterior produjo por primera vez en la historia económica de nuestro país que las exportaciones de origen industrial se convirtiesen en la primera minoría de las exportaciones, este año aunque por escaso margen, volveremos a la habitualidad de que las exportaciones de origen agropecuario vuelvan a ocupar el primer escalafón.

Ya tomando a Venezuela como miembro del Mercosur, se valida este año a nuestra Unión Aduanera Imperfecta como el principal destino de nuestras ventas, y en forma individual Brasil sigue siendo nuestro principal socio comercial tanto sea en las compras como  en las ventas. Y en el caso de nuestro vecino, a fin de año las cuentas estarán prácticamente equilibradas, verificándose un notable decaimiento de las importaciones desde ese país y un marcado descenso de los niveles de intercambio, en aproximadamente un 15%.

Lo que no ha variado es la tendencia y naturaleza de las mercaderías transadas. Argentina exporta aproximadamente un 65% de productos primarios o de escaso valor agregado, y en las importaciones se destacan los bienes de capital e intermedios. Los destinos de las ventas en general subrayan la concentración más importante de nuestra oferta exportable en no más de 30/35 productos y en una veintena de países, por lo que se subraya la importancia de ampliar nuestra oferta exportable y los destinos de la misma. Las importaciones de combustible siguen siendo importantes, este año tendrán un leve incremento respecto del año anterior, superando los u$s 10.000.- al finalizar el 2012 aunque se espera a futuro haya elementos que permitan morigerar las importaciones de este rubro (véase más adelante).

Las perspectivas respecto del 2013 es que los guarismos, en principio, no tengan demasiados altibajos, pero ello dependerá de diversos factores, como ser el comportamiento de los precios internacionales de los commodities y de la consecución (o no) de las actuales políticas restrictivas que nuestro país aplica al comercio internacional.

3) La realidad de los actores involucrados: La cotidianeidad encuentra versiones opuestas; siempre que aparecen en el horizonte medidas restrictivas en el comercio, existen sectores beneficiados y perjudicados, esto es tan viejo como las mismas medidas. Por ello también se encuentran opiniones diferentes según sea el sector que la emite, más lo que sobresale es un escenario de incertidumbre, donde en ocasiones la posibilidad de efectuar una transacción depende del humor o de los beneficios del funcionario de turno, que en la mayoría de los casos poco conoce del tema que se está discutiendo pero tiene el poder suficiente para abrir o cerrar una puerta de un futuro negocio.

Desde el gobierno se ha insistido en una política de sustitución de importaciones, más la planificación de esta política carece de toda proyección y sustento de mediano/largo plazo, la sensación es que se establecen “globos de ensayo” hasta verificar un camino más o menos correcto. En ese aspecto, resalto la re-estatización de YPF, que apunta a reducir las importaciones de combustibles en general y redimensionar la exploración interna de gas y petróleo, es lógico que esto no fuera a suceder en lo inmediato, pero es sin dudas un elemento de planificación que de mantenerse en el tiempo redundará en más beneficios que perjuicios.

Incluso se recuerdan a principio de año aquellas amenazas de Rajoy y su gobierno de las medidas que iban a imponer en contra de nuestro país y que quedaron en escaramuzas, evidentemente la gente de Repsol no tenía el “trigo limpio” respecto de su accionar al comando de la empresa, y que habrá sido de los argumentos de los personeros locales que auguraban la catástrofe.

Los sectores involucrados, en general, han sentido la merma del intercambio comercial, desde los despachantes de aduanas, (que dicho sea han generado muchos cierres y despidos) pasando por las empresas de transporte e involucrando de modo lógico a los importadores/exportadores y operadores logísticos en general.

El que ha sacado un notable provecho de la situación (y es de hecho un sector “intocable”) es el sector bancario/financiero, montándose en un cúmulo de ingresos pero dando la espalda desde el punto de vista crediticio a los productores, si bien en algún momento el gobierno “amenazó” a los bancos con que debían disponer de créditos productivos a tasas blandas, la realidad es que los bancos siguen jugando para la “tribuna” y vendiendo con sus publicidades electrodomésticos o puntos para canjear por tarjeta de crédito, como decía mi abuela, mucho ruido y pocas nueces.

4) Conclusiones finales: Las políticas no son abstractas, y son ejecutadas por hombres y mujeres. Un dato destacado es la verticalidad de las decisiones en este gobierno, donde las disposiciones y rumbo de las políticas son decididas por un puñado y ejecutadas por otro puñado, pero quiénes las ejecutan normalmente carecen de conocimiento o de capacidades para hacerlo. A modo de ejemplo,  el papel de nuestro Canciller, en las prácticas de llevar a cabo las políticas externas es lamentable,  sólo repite lo que le dejan decir y no acepta repreguntas porque carece de fundamentos para responder, llama la atención este punto porque desde el Ejecutivo se percibe esta incapacidad y que el personaje perdure en el puesto marca una ausencia de recambio o de no buscar un mejor ejecutor de estas políticas.

El comercio exterior y las relaciones internacionales son temas muy serios, y lamentablemente en nuestro país históricamente se los ha tomado muy a la ligera, y no conozco o recuerdo que en mi querida Argentina se haya establecido un plan de mediano o largo plazo en este sentido, las medidas son coyunturales y normalmente se toman tarde y mal, es decir políticas de gobierno y no políticas de estado, y poniendo el carro delante de los caballos, ya cuando normalmente los procesos económicos e históricos nos han pasado por enfrente de las narices. En el aspecto de la integración, el Mercosur configura nuestro principal proceso externo pero todavía su importancia no es transmitida en el lenguaje acorde para el grueso de la población, y cuando se habla de negocios, los empresarios “mercosurianos” no perciben en general, la existencia de este acuerdo, evidentemente se adolece de buenas acciones en el aspecto comunicativo de los alcances del acuerdo.

El proteccionismo de Argentina es, como fue dicho, uno más dentro del escenario internacional y no el único, de hecho y a modo de ejemplo hace pocos días nuestro país ha presentado una queja formal sobre las restricciones que pesan para algunos productos en EE UU, aunque lo que sucede en algunos países de la zona euro pasa por los mismos carriles dada su precaria situación económica/financiera.

El próximo año nos encontrará inmersos en un clima electoral, lo cual no deja de ser una mala señal, habitualmente la clase política (no sólo el oficialismo, está claro) ocupa poco tiempo para detenerse en temas que le incumben a la gente y la sociedad en su conjunto, y cuando están en campaña el tiempo que le dedican es todavía más escaso, más orientado a la exposición mediática que a la generación de alternativas. Con una mano en el corazón, si bien es fácil criticar al gobierno y sus políticas “despóticas”, asusta ver el escenario opositor con una carencia absoluta de ideas, propuestas y recambio de actores, los viejos “halcones” no se quieren despedir de la política y se reciclan, más lo que no se renuevan son las propuestas.

No creo que el clima de crecimiento de precios internacional se mantenga en el futuro, y con un escenario interno de inflación (incipiente pero existente a pesar del INDEC) será indispensable se flexibilicen ciertas medidas para que los productores locales puedan vender más y mejor, y de una vez por todas empezar a discutir una política comercial seria de mediano/largo plazo para que sea posible diversificar nuestra oferta exportable y los ampliar el número (y calidad) de nuestros destinos de ventas externas de aquí a cinco años.

Se ha dicho, y lo comparto, que el escenario internacional es complejo y la crisis no termina de cerrarse para abrirse a un escenario más propicio desde lo económico, y nuestro país no ha sentido, en mayor medida, los efectos de esta crisis. A una década de aquel trance que colocó a nuestro país en default, hemos salido adelante con el sacrificio de algunos sectores y como de costumbre conviviendo con la especulación de otros. Durante este decenio hemos cohabitado con algunas temporadas donde el “viento de cola” nos ayudó en el despegue, pero es necesario que maduremos como país y como sociedad para establecer un plan de acción duradero más allá de lo coyuntural.

En la actualidad, si bien Argentina sigue en un proceso de crecimiento, lo está haciendo a tasas menores que otros países de la región y algunos indicadores (como los de inversión externa, por ejemplo) nos están dando señales de alerta que si no aplicamos un plan correctivo en el futuro los nubarrones pueden volver a aparecer, la buena noticia es que estamos a tiempo y la mala es que parece que muchos no se han dado cuenta de ello.

La apertura de nuevos mercados y la posibilidad de ampliar nuestra oferta exportable (inclinando de una vez la promoción de bienes con mayor valor agregado) aparece como materia pendiente, apertura no significa subir en un avión a un grupo de empresarios a un país determinado de un modo compulsivo y sin estrategias de inserción y continuidad en el futuro, el acompañamiento de estos empresarios está más relacionado con ganarse los favores del funcionario que las comanda que la de generar negocios reales, y no se entiende, realmente, que forme parte de la comitiva un grupo de comerciantes que localmente vende mercaderías “truchas” y evade impuestos y procesos de producción transparentes y genuinos.

Los sinsentidos no son propiedad exclusiva de este gobierno, y a fuerza de ser sincero, puso en evidencia que muchos sectores son también responsables de los mismos y que no son incumbencia sólo del gobierno de turno, la autocrítica y el pensamiento no forman parte importante de nuestra sociedad, somos consumidores de “pan y circo” desde hace tiempo pero es una tendencia que se incrementa con el paso del tiempo, sino cómo se explica un fenómeno de “tinellización” del argentino en general. (Claramente, uno de los hechos más importantes y representativos no de algo positivo, sino de lo que la ignorancia supina y la estupidez pueden lograr)

No quiero pecar de pesimista, pero es necesario haya un cambio en el rumbo. No podemos seguir añorando los tiempos pasados cuando el futuro nos está golpeando la puerta, y nosotros sin saber qué hacer.

Saludos cordiales, y feliz 2013 para todos.

Por Mg. Néstor Pablo Aleksink, especialista en comercio internacional

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