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Un mundo de bloques comerciales: una “imagen” que perdió fuerza

Alberto Hutschenreuter | 16 Febrero del 2012

Cuando a comienzo de los años noventa los especialistas reflexionaron acerca del mundo venidero, una de las “imágenes” proyectadas con más fuerza fue la de un mundo configurado en base a bloques comerciales. Si bien es cierto que desde algunos años antes el tema comercial y la emergencia de los “Estados comerciales”, según la expresión dominante, habían comenzado a ser habituales en los debates, no fue hasta la desaparición del conflicto bipolar cuando la cuestión comercial se convirtió en una de las conjeturas con mayor audiencia.

“De la geopolítica a la geoeconomía” fue una de las tempranas hipótesis  que anticiparon un escenario internacional bajo predominancia de “lógicas” o “gramáticas” comerciales. Para su autor, Edward Luttwak, un autorizado experto en estrategia, salvo en determinadas regiones del mundo donde persistirían choques armados o rivalidades de cuño geopolítico, el comercio se iría afirmando como el nuevo patrón de interdependencia y, por consiguiente, de equilibrio internacional.

Efectivamente, se trataba de una conjetura optimista y, en buena medida, ello obedecía a la renovada esperanza de la comunidad internacional tras el fin de un ciclo, a la expansión casi global de la democracia y al grado de complementación que había alcanzado la entonces Comunidad Económica Europea, situación que colocaba a sus miembros en el umbral de lo que se denominaba “comunidad de seguridad”.

Precisamente, a partir de la instancia de complementación europea con centro en Alemania y posiblemente ampliada a Rusia, ex repúblicas soviéticas y Noráfrica, se estimó la emergencia de otros dos bloques: el del “Pacific Rim”, liderado por Japón, que incluiría a Corea, el Sudeste asiático y (presumiblemente) China, y el “bloque Hemisférico Occidental”, centrado en el NAFTA (Acuerdo de Libre Comercio de América del Norte) y potencialmente extendido a América Latina. Si bien el libre comercio no era puesto en dudas, la conjetura tendía a advertir acerca de la “deriva introspectiva” de los bloques, dato que explicaba las potenciales ampliaciones continentales de los bloques.

Menos de dos décadas después podemos realizar algunas apreciaciones respecto de aquella extendida imagen.

En primer lugar, el mundo no marchó hacia la conformación de bloques comerciales regionales, como tampoco lo hizo en dirección de la lógica de cerramiento intrabloque. En efecto, ningún nuevo bloque se agregó a los principales que existían por entonces, ni, como veremos, el comercio internacional se concentró en cada bloque.

Por otra parte, ha quedado bastante claro que el bloque europeo era una excepcionalidad, en tanto y en cuanto su progreso estuvo asociado, en gran medida, a un factor o desafío de naturaleza estratégica. Ello es así al punto que hoy en Europa el debate ya no reside en el proceso de integración sino en el posible fraccionamiento. No es un hecho casual que el ámbito de relevancia del bloque continental sea cada vez más el Consejo Europeo, es decir, el espacio de defensa de los “intereses de los Estados”, y no la Comisión Europea, que es el espacio de defensa de los “intereses europeos colectivos”.

Finalmente, respecto de Asia la “imagen de bloques” desconsideraba cuestiones relativas al liderazgo y a los reflejos geopolíticos preexistentes: Más allá de que su vigor económico se refrenó severamente, era prácticamente imposible que los actores regionales ascendentes aceptaran un liderazgo con centro en Japón; asimismo, también resultaba muy difícil la conformación de un bloque asiático con presencia de actores extrazonales que tutelaran la seguridad de algunos de sus principales miembros.

Pero, además y fundamentalmente, si había países que consideraban que la conjetura (occidental) de un mundo en bloques era restrictiva para sus crecientes intereses comerciales, esos países eran los de la región asiática, la región de mayor crecimiento del comercio global. De modo que, aparte de cuestiones de cuño geopolítico, ha sido (y continúa siendo) la misma fuerza y sentido del comercio la principal razón de debilidad de aquella mentada imagen de los años noventa.

Consideremos, a propósito de ello, algunas cifras de comercio internacional de la Organización Mundial de Comercio (OMC, 2011, http://www.wto.org/spanish/res_s/statis_s/its2011_s/stat_abbrev_s.htm, en línea).

El único bloque en que el comercio intrarregional es elevado es Europa: más del 65% de las exportaciones europeas de mercancías tienen lugar dentro de esa geografía. Pero en otros contextos de asociación o de bloques, el intercambio intrarregional es menor, e incluso en algunos escenarios de alta densidad de bloques y sistemas de complementación, como es el caso de América Latina, es significativamente inferior.

En Asia no existe un bloque geocomercial: existen foros multilaterales como la ASEAN (Asociación de Naciones del Sudeste Asiático) y la APEC (Foro Económico Asia-Pacífico), cuyos propósitos están asociados a la prosperidad, la cooperación y la afirmación de la paz, pero no son instancias con fines pro-integración. No obstante, considerando que son asociaciones interestatales, el comercio intrarregional, en el caso de la ASEAN, alcanza el 25%, mientras que el 75% se realiza con actores extrarregionales, según cifras de 2010.

En un contexto asiático más amplio, las exportaciones intrarregionales de mercancías representan algo más del 50%, representando los mercados europeo y el estadounidense buena parte de la otra mitad.

En relación a América del Norte, el 50% de sus exportaciones se realiza en el marco del NAFTA, acaso el único espacio donde se puede apreciar una lógica de cerramiento de bloque, pero que solamente tiene a México como protagonista, puesto que más del 80% de su comercio lo realiza con sus dos socios (en verdad, con Estados Unidos). Semejante concentración del comercio tuvo como resultado una situación de disrupción geopolítica nacional, por cuanto el creciente dinamismo comercial “integró” solamente a una parte de México al bloque.

En África y Oriente Medio, espacios donde más allá de lo formal, particularmente en relación a Noráfrica, no existen bloques, el comercio intrarregional es bajo, apenas poco más del 10 % en el caso de África.

En cuanto al “bloque” de la Comunidad de Estados Independientes, el grueso de su comercio es con la Unión Europea.

Finalmente, si hay un espacio del globo en la que abundan los sistemas de complementación (término preferible al de integración) comercio-económica, ese espacio es América Latina: desde el Mercado Común Centroamericano hasta el Mercado Común del Sur, pasando por el Sistema de Integración Centroamericana, la Comunidad del Caribe y el Pacto Andino, la región toda, con poquísimas excepciones, logró afirmar importantes regímenes o pautas de complementación.

Desde la perspectiva de este breve trabajo, resulta interesante destacar que la dinámica comercial en América Latina está mucho más orientada hacia fuera que hacia dentro de la región: mientras las exportaciones de mercancías a escala intrarregional ascendieron en 2010 a la suma de 145.000 millones de dólares, las destinadas a los mercados de América del Norte, Europa y Asia superaron los 370.000 millones de dólares.

Considerando los bloques más avanzados, Pacto Andino y MERCOSUR, en el caso del primero el 90% de las exportaciones es extrarregional, mientras que más del 80 % lo es en el caso del segundo.

En suma, si hace menos de veinte años la concepción acerca del advenimiento de un mundo fraccionado en bloques geo-comerciales fue una de las más recepcionadas, hoy podemos comprobar que ha sido una de las más desacertadas.

Por otra parte, los bloques regionales no solamente no se orientaron hacia lógicas comercio-económicas de encerramiento, sino que, con la relativa excepción de Europa, su orientación mantuvo un carácter global: efectivamente, el mercado es el mundo, no una parte o regiones de éste.




Alberto Hutschenreuter es doctor en Relaciones Internacionales y autor del libro “La política exterior rusa después de la Guerra Fría. Humillación y reparación”, Areté Grupo Editor, Buenos Aires, 2011.

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